lunes, 7 de abril de 2008

Yo, Laporta.

Joan Laporta dice que la pañolada del domingo iba dirigida a los jugadores. Miente. Vuelve a mentir. Es evidente que algunos de los pañuelos podían ir dirigidos a jugadores como Thierry Henry, su bandera, el gran fiasco de su política deportiva. Pero la mayor parte de los silbidos y la casi totalidad de los pañuelos tenían un destinatorio: JL, el mayor embaucador, el mayor embustero, el mayor dictador que ha dado la historia del FC Barcelona.

Decía un día Carlos Barnils, inventor de la oposición barcelonista muchos años antes que JL, con mejor estilo, y dando siempre la cara desde su desaparecida revista opositora R.B. (Revista Barcelonista), que esta junta directiva que hoy gobierna el club "entró como las fuerzas de liberación". "Laporta no ganó por Beckham que se sabía había fichado por el R.Madrid, las elecciones las perdió el grupo Bassat quien, además, llegó tarde al mundo del fútbol. La gente le veía como un presidente para cortar cintas y poner escudos".

Laporta se benefició de la debilidad del grupo Bassat y de la herencia de Gaspart. El Barça quería y necesitaba un cambio. Y el cambio era la candidatura en la que JL ponía la cara, pero la listeza, la sapiencia, la inteligencia estaba dentro del equipo, no en su persona. JL era el pico de oro, el trilero, el experto en dinamitar el nuñismo junto a sus inseparables Perrín/Godall y el eterno Cruyff que lleva más de treinta años viviendo del Barcelona y paralelamente arruinando al Barcelona. Pero ese grupo tenía otros valores, los más sobresalientes: Rosell, Moix, Bartomeu, Faus...justo todos los que, a la vuelta de la esquina, abandonaron la nave y dejaron sólo a JL junto a sus palmeros, a los que les teóricamente les íba a ir mejor con los cesantes: los Soriano, los Ingla, los Echevarría, los Sala Martin....hasta que se sumaron otros arribistas históricos, Perrín y Borrás, y el gran líder del chaqueterismo azulgrana, Evarist Murtra, el siniestro personaje que ha estado en todas las salsas, incluída la del nuñismo.

Todo este grupo, sin los dimitidos (y aquí no incluyo al farsante Echevarría, pagador de estómagos agradecidos), son los que han destruído al equipo y al club en estos dos últimos años. Son los que se han dedicado a vivir, a viajar, a trasnochar....Es decir, a elegir y marcar el camino por el que debían ir las estrellas más débiles de espíritu. En una ciudad tan pequeña como Barcelona en un suspiro se sabe dónde se baila, con quién se baila, y quienes son los bailarines. Y no han sido exclusivamente Ronaldinho y cía, por toda la mierda que se les haya querido echar encima. Y se les sigue echando. Basta con ojear algunos diarios del pasado fin de semana para ver cómo se ensañan con el jugador y cómo pretenden desviar todos los males hacia su persona, como si él fuera el entrenador, el médico, el secretario técnico, el inexistente vice deportivo y el presidente.

Todos los males, todo lo malo del Barça, lleva un nombre: Ronaldinho. Todos los éxitos, todo lo bueno, tiene como apellido Laporta. Justo todo lo contrario a la realidad.

Vale la pena leer (siempre vale la pena, sean sus columnas, sean sus libros) a un articulista y escritor como Enrique Vila Matas, un barcelonista de toda la vida, ya su padre celebró hace unos años sus bodas de oro como socio de la entidad. Es decir, un barcelonista de los de verdad, de los que siempre han cumplido a cambio de nada, de la satisfacción de ser del Barça. Dice Vila Matas en el artículo publicado ayer en El País ("La bronca de Laporta"): "Oyendo a Laporta en el encuentro de peñas de L´Hospitalet no se sabía si se preparaba para futuros mitines políticos o imitaba a Núñez cuando defendía a Cruyff. Creía haberlo visto ya todo en el Barça hasta encontrarme con la secuencia impagable de Laporta dirigiéndose autoritariamente a nosotros, pobres aficionados, para decirnos que no viene Mourinho y recriminarnos a voz en cuello que nos dejemos guiar por "hipócritas y embaucadores que se hacen pasar por barcelonistas".

"Espero no estar bajo sospecha de embaucar a nadie, porque hace 50 años que soy socio y tengo un respetable número muy bajo de carnet, el 3.998. Creía haberlo visto todo hasta que oí al engreído Laporta decir que no había que dar la temporada por perdida".

Y Enrique Vila Matas finaliza así su artículo: "Aún podemos ganar la Liga", dijo Laporta al terminar un nuevo horrendo partido del Barça. El palco era acosado en aquel momento por una multitud ciega, agresiva. Ya no hay vuelta atrás. Los errores desde hace dos años han ido demasiado lejos. Las palabras del presidente en L´Hospitalet y su desagradable tono dictatorial ya no se van a olvidar. Nos confundió con su chófer. Y lo que más asombra es que eligiera ayer para desenmascararse. Laporta puede salir peor que Gaspart del circunstancial palco".

Mejor dicho, imposible. Mejor escrito, imposible.

Yo creo que todo lo que JL tenía que hacer en el Barça, tanto desde todo tipo de oposiciones hasta la presidencia, ya lo ha hecho: destruir/destruir/destruir y desunir/desunir/desunir. JL ha sido un mal, una enfermedad para el barcelonismo desde hace veinte años. Y hay que acabar y exterminar este mal y quien únicamente lo pueden hacer son los socios del club, apoyándose, si es preciso, en los poderes legítimos del pueblo. Si para que renunciara a la presidencia Joan Gaspart fue necesaria la participación de la Generalitat porque se había convertido en un peligro social, hoy, el peligro social es JL, gane o no gane la Liga, gane o no gane la Champions. No es ya una cuestión de marcadores. Es una cuestión de principios. Una entidad centenaria como el FC Barcelona, símbolo de toda una nación, no puede estar ni un segundo más en manos de quien no sabe representarlo.

JL ha sido un profesional del engaño, de la mentira constante, y no se puede estar eternamente mintiendo y engañando a todos. Bueno, a todos no. Porque ya los maristas de Sant Joan lo expulsaron en su juventud, por mentir, por engañar, por manipular. Es decir, la vocación no es nueva, le viene de por vida. El problema es que ahora, además, su "única virtud" exhibida hasta ahora, viene acompañada de unos unos gestos y unos tics dictatoriales , propios de los peores países bananeros, pero impropios de un presidente del Fútbol Club Barcelona.

El "Yo, Laporta" ha finalizado, y de su permanencia en la presidencia serán responsables, a partir de hoy, todos sus cómplices, los que siguen sentándose junto a él en el consejo directivo y todos aquellos juntaletras o juntapalabras que con su aliento siguen haciendo grande el monstruo. El círculo virtuoso ha muerto, con títulos o sin ellos. Ya es lo de menos.


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