Los diarios deportivos se agarran a un clavo ardiendo. Y hoy, claro, se enganchan a Messi, que es lo que queda de este Barça destruido por Laporta. La amargura del todavía presidente es que a Messi no lo descubrió él. Ni Soriano. Ni Txiqui. El argentino venía en la repudiada mochila. Laporta/Soriano sólo han sido capaces de fichar a bombo y platillo a Thierri Henry, en el ocaso de su vida deportiva. Sólo marca en fuera de juego, porque un defensa del Rácing le da el balón o ante el Levante, que marca hasta mi portera.
En los días que hay que decidir, decide Messi, el delantero merecedor de un castigo por su osadía de ir a Qatar en su día libre.
Antes, Ronaldinho, nos hacía trempar. Se llenaba el Camp Nou incluso a las 00,05 y ante el Sevilla en un partido más del campeonato. Ahora, hacen un llamamiento público a la afición Laporta/Soriano para que llenen el campo, y ni con las puertas abiertas acaba llenándose. Y eso que no se juega a medianoche. Y los que acuden a la llamada del Barça (no del presi/ni del vicepresi) van por Messi que es el único capaz de hacer empalmar a la parroquia.
Si tenemos que ir para ver el actual equipo que nos han diseñado los actuales pensantes, nos quedamos en casa escuchando a Puyal o el carrusel de Paco González. Pagar por ver (por ver este Barça), tampoco.
¿Vale la pena ir/o pagar para ver un equipo que (Messi aparte) sólo es capaz de vencer por uno-cero, y en off-side, al Villarreal...?.
No nos engañemos. El Villareal es un buen equipo y nada más. Y sin Riquelme, menos Villarreal. No nos dejemos engañar por la prensa-de-las-promociones. A este Villareal, el Real Madrid le acaba de meter tres goles (y le metió 0-5 en casa). Y el Espanyol de Tamudo, tres goles más. El submarino va camino de ser una zodiac.
Acabo. En los últimos seis partidos, el equipo de los fantásticos ha marcado cuatro goles, dos de ellos con colaboración externa. Y los rivales han sido Athletic/Rácing y las eliminatorias ante Sevilla (sin Kanouté y Keita) y el Villarreal sin Riquelme y con Nihat anoche en la suplencia. No es para lanzar las campanas.
Hoy, por Messi, somos capaces de hacer un esfuerzo de ir a las nueve, o alguna vez, de forma excepcional, a las diez de la noche. Pero ni locos acudiríamos a las 00,05.
Entre Laporta/Cruyff/Soriano, los palmeros, y los arribistas de última hora, nos han quitado aquel gran sueño.
jueves, 31 de enero de 2008
martes, 29 de enero de 2008
Laporta necesita a Mourinho.
José Mourinho será el próximo entrenador del Barça. Laporta y Jorge Mendes ya lo han pactado, y Jaume Roures ya ha dado la primicia. La operación interesa a todos, pero especialmente a los tres citados. Laporta, porque entra en la recta final de su mandato y necesita más que nunca títulos. Los necesita no pensando como culé (que ya poco le importa), sino en clave política. Laporta quiere ser el futuro presidente de la Generalitat. Para este recorrido necesita un esfuerzo final. Salir por la puerta grande del Barça y en olor de multitudes. Eso sólo lo puede conseguir con títulos de importancia. Y con Frank Rijkaard eso ya no es posible.
Necesita un entrenador con ambición. Con la misma ambición que él. Y después de darle vueltas/vueltas/y vueltas, no queda otro remedio que fichar al portugués Mourinho, que además es el que le ha recomendado insistentemente uno de los hombres con más poder hoy en el Barça: Jorge Mendes, el intermediario que ha sustituido en los últimos años a Josep María Minguella en el concierto europeo.
Hoy, en el fútbol europeo, casi todo pasa por las manos de Mendes, y éste le habría recomendado el entrenador portugués a Laporta como un "seguro de títulos" a corto plazo. Además, el agente FIFA, le habría asegurado al presidente azulgrana que haría lo imposible por lograr que Cristiano Ronaldo (también en la cuadra del agente) se enfrentara al Manchester United para lograr el traspaso.
Con esta operación, Laporta/Mendes/Mourinho/Cristiano Ronaldo estaría del todo de acuerdo Jaume Roures, el actual propietario de los derechos televisivos del Barça a través de su productora Mediapro. Para que éstos derechos obtengan la máxima rentabilidad, Roures necesita un Barça fuerte/potente/líder. Y el ex asesor de Cruyff (pero sin embargo amigo, o más que amigo) le habría dicho a Laporta que agradezca los servicios prestados a Rijkaard y que no se meta en nuevos experimentos, como podría ser la hipotética contratación de Van Basten, después del fiasco de Koeman en el Valencia. Que vaya a lo seguro, y lo seguro, como ya le había anticipado Mendes, es Mourinho.
No hay otro.
Así que todos aquellos que censuraron/criticaron/insultaron/maldicieron/odiaron/ningunearon y putearon a Mourinho ya pueden cambiar de canción y aprovechando que los carnavales están aquí, echar mano de cualquier careta para disimular y pasar desapercibidos ante el futuro que se avecina con Mourinho de "ordeno y mando" en el banquillo...y en la directiva. Porque después de haber trabajado con Abramovich, ya se lo conoce todo en el fútbol.
¿Quién va a toser a Mourinho en el Barça...? ¿Txiki? ¿Ingla? ¿Soriano?. No me hagan reir. Ni una vez fichado, el propio Laporta.
Mourinho se las sabe todas en el fútbol. Lo ha mamado desde la cuna. Su abuelo fue el presidente del Vitoria Sétubal. Su padre fue un formidable portero portugués. Y él comenzó su aprendizaje con el inglés Bobnby Robson. Juntos aterrizaron en el Barça de Núñez para cubrir la transición entre Cruyff y Van Gaal. Lo cierto es que hicieron una buena labor. Pero en aquellos momentos todos los éxitos se atribuyeron a Robson porque Mourinho había llegado como segundo y sobre todo como intérprete del inglés. Y buena parte de la prensa, e incluso parte de la oposición que movilizaba Laporta (hoy algunos directivos) le consideraban "el chico Martini". Nadie creía en él. Lo consideraban, con toda la mala leche del mundo, "el amigo del abuelo (Robson)".
Aquel Barça de Robson/Mourinho lo cierto es que realizó una gran campaña y que sólo la doble derrota ante el descendido Hércules de Alicante le privó de conquistar la Liga. Pero se vieron partidos apoteósicos. Especialmente un Barça-Atlético de Copa, en la noche frustrante de Pantic que después de marcar cuatro goles (algo que no ha hecho ningún otro jugador en el Camp Nou) caía derrotado su equipo (5-4), con la patética imagen de un Vitor Baía desplomado en el césped, impotente, llorando a lágrima viva, tras el infortunio de su noche.
Aquel Barça de Robson/Mourinho fue un Barça "aportuguesado", con la presencia de Figo y los fichajes de Vitor Baía/Fernando Couto/ y el nigeriano-portugués Amunike. Y la guinda, fue el fichaje de Ronaldo, descubierto por Robson en Holanda.
Sin embargo, de nada sirvió aquel trabajo desarrollado por Robson-Mourinho porque Núñez (con el respaldo de la prensa deportiva y no deportiva) tenía fichado a Louis Van Gaal. Y a la campaña siguiente, Robson fue envíado a un despacho como teórico director deportivo internacional. El mando, el único mando, todo el mando fue para Van Gaal....hasta que el inglés, después de un año de tomar el sol en Sitges, se marchó. Y Mourinho, que ya era listo, aunque algunos le tomaran por tonto, prefirió quedarse con Van Gaal a seguir al Robson. Del abuelo inglés ya lo había aprendido todo. Ahora le faltaba la experiencia de trabajar junto a Van Gaal, el técnico de moda en Europa, con fama de duro, pero con menos mala leche que Cruyff.
Una vez cubierto todo el ciclo de aprendizaje, Jose Mourinho decidió volar solo. Ir por libre. Y dejar atrás la etiqueta que le habían colocado de ayudante/de amigo/de intérprete/de segundo. "Ahora vais a ver quién es Mourinho". Dicho y hecho.
Su trayectoria desde que decidió entrenar ha sido irresistible. Hizo del Porto el mejor equipo portugués (dos ligas) y europeo (campeón de la UEFA y de la Champions), y después dió el salto a Inglaterra y junto con Abramovich arrancó al Chelsea de la miseria para convertirlo en uno de los grandes europeos. Dos ligas consecutivas. Le falló la Copa de Europa.
Mourinho pasó a ser el entrenador más de moda. El nuevo Helenio Herrera de la era moderna. El entrenador más elogiado/envidiado/ y odiado de Europa. Todos los ojos han girado en torno a su figura estos últimos años.
Ahora, Mourinho está libre. O estaba. Porque a estas alturas, si nada lo remedia, Laporta-Roures-Mendes ya han pactado su aterrizaje en el Barça. Para Laporta, además, es un excelente paraguas si como se presume puede haber ausencia de títulos. Para un club como el Barça conquistar la Copa y nada, es casi lo mismo. Todo lo que no sea la Liga y la Champions, no cuenta. Y para Roures lo mismo. Los derechos necesitan de auténticos equipos campeones, y la Copa no entra en el concierto internacional.
Así, pues, que todos aquellos barcelonistas que han maldecido a Mourinho durante años, incluída la casi total directiva del Barça,vayan poniendo buena cara al tiempo que se avecina. Mourinho tiene todos/todos/todos los números para sustituir a Rijkaard.
Al profeta, entre Laporta y Roures, le han convencido.
Necesita un entrenador con ambición. Con la misma ambición que él. Y después de darle vueltas/vueltas/y vueltas, no queda otro remedio que fichar al portugués Mourinho, que además es el que le ha recomendado insistentemente uno de los hombres con más poder hoy en el Barça: Jorge Mendes, el intermediario que ha sustituido en los últimos años a Josep María Minguella en el concierto europeo.
Hoy, en el fútbol europeo, casi todo pasa por las manos de Mendes, y éste le habría recomendado el entrenador portugués a Laporta como un "seguro de títulos" a corto plazo. Además, el agente FIFA, le habría asegurado al presidente azulgrana que haría lo imposible por lograr que Cristiano Ronaldo (también en la cuadra del agente) se enfrentara al Manchester United para lograr el traspaso.
Con esta operación, Laporta/Mendes/Mourinho/Cristiano Ronaldo estaría del todo de acuerdo Jaume Roures, el actual propietario de los derechos televisivos del Barça a través de su productora Mediapro. Para que éstos derechos obtengan la máxima rentabilidad, Roures necesita un Barça fuerte/potente/líder. Y el ex asesor de Cruyff (pero sin embargo amigo, o más que amigo) le habría dicho a Laporta que agradezca los servicios prestados a Rijkaard y que no se meta en nuevos experimentos, como podría ser la hipotética contratación de Van Basten, después del fiasco de Koeman en el Valencia. Que vaya a lo seguro, y lo seguro, como ya le había anticipado Mendes, es Mourinho.
No hay otro.
Así que todos aquellos que censuraron/criticaron/insultaron/maldicieron/odiaron/ningunearon y putearon a Mourinho ya pueden cambiar de canción y aprovechando que los carnavales están aquí, echar mano de cualquier careta para disimular y pasar desapercibidos ante el futuro que se avecina con Mourinho de "ordeno y mando" en el banquillo...y en la directiva. Porque después de haber trabajado con Abramovich, ya se lo conoce todo en el fútbol.
¿Quién va a toser a Mourinho en el Barça...? ¿Txiki? ¿Ingla? ¿Soriano?. No me hagan reir. Ni una vez fichado, el propio Laporta.
Mourinho se las sabe todas en el fútbol. Lo ha mamado desde la cuna. Su abuelo fue el presidente del Vitoria Sétubal. Su padre fue un formidable portero portugués. Y él comenzó su aprendizaje con el inglés Bobnby Robson. Juntos aterrizaron en el Barça de Núñez para cubrir la transición entre Cruyff y Van Gaal. Lo cierto es que hicieron una buena labor. Pero en aquellos momentos todos los éxitos se atribuyeron a Robson porque Mourinho había llegado como segundo y sobre todo como intérprete del inglés. Y buena parte de la prensa, e incluso parte de la oposición que movilizaba Laporta (hoy algunos directivos) le consideraban "el chico Martini". Nadie creía en él. Lo consideraban, con toda la mala leche del mundo, "el amigo del abuelo (Robson)".
Aquel Barça de Robson/Mourinho lo cierto es que realizó una gran campaña y que sólo la doble derrota ante el descendido Hércules de Alicante le privó de conquistar la Liga. Pero se vieron partidos apoteósicos. Especialmente un Barça-Atlético de Copa, en la noche frustrante de Pantic que después de marcar cuatro goles (algo que no ha hecho ningún otro jugador en el Camp Nou) caía derrotado su equipo (5-4), con la patética imagen de un Vitor Baía desplomado en el césped, impotente, llorando a lágrima viva, tras el infortunio de su noche.
Aquel Barça de Robson/Mourinho fue un Barça "aportuguesado", con la presencia de Figo y los fichajes de Vitor Baía/Fernando Couto/ y el nigeriano-portugués Amunike. Y la guinda, fue el fichaje de Ronaldo, descubierto por Robson en Holanda.
Sin embargo, de nada sirvió aquel trabajo desarrollado por Robson-Mourinho porque Núñez (con el respaldo de la prensa deportiva y no deportiva) tenía fichado a Louis Van Gaal. Y a la campaña siguiente, Robson fue envíado a un despacho como teórico director deportivo internacional. El mando, el único mando, todo el mando fue para Van Gaal....hasta que el inglés, después de un año de tomar el sol en Sitges, se marchó. Y Mourinho, que ya era listo, aunque algunos le tomaran por tonto, prefirió quedarse con Van Gaal a seguir al Robson. Del abuelo inglés ya lo había aprendido todo. Ahora le faltaba la experiencia de trabajar junto a Van Gaal, el técnico de moda en Europa, con fama de duro, pero con menos mala leche que Cruyff.
Una vez cubierto todo el ciclo de aprendizaje, Jose Mourinho decidió volar solo. Ir por libre. Y dejar atrás la etiqueta que le habían colocado de ayudante/de amigo/de intérprete/de segundo. "Ahora vais a ver quién es Mourinho". Dicho y hecho.
Su trayectoria desde que decidió entrenar ha sido irresistible. Hizo del Porto el mejor equipo portugués (dos ligas) y europeo (campeón de la UEFA y de la Champions), y después dió el salto a Inglaterra y junto con Abramovich arrancó al Chelsea de la miseria para convertirlo en uno de los grandes europeos. Dos ligas consecutivas. Le falló la Copa de Europa.
Mourinho pasó a ser el entrenador más de moda. El nuevo Helenio Herrera de la era moderna. El entrenador más elogiado/envidiado/ y odiado de Europa. Todos los ojos han girado en torno a su figura estos últimos años.
Ahora, Mourinho está libre. O estaba. Porque a estas alturas, si nada lo remedia, Laporta-Roures-Mendes ya han pactado su aterrizaje en el Barça. Para Laporta, además, es un excelente paraguas si como se presume puede haber ausencia de títulos. Para un club como el Barça conquistar la Copa y nada, es casi lo mismo. Todo lo que no sea la Liga y la Champions, no cuenta. Y para Roures lo mismo. Los derechos necesitan de auténticos equipos campeones, y la Copa no entra en el concierto internacional.
Así, pues, que todos aquellos barcelonistas que han maldecido a Mourinho durante años, incluída la casi total directiva del Barça,vayan poniendo buena cara al tiempo que se avecina. Mourinho tiene todos/todos/todos los números para sustituir a Rijkaard.
Al profeta, entre Laporta y Roures, le han convencido.
lunes, 28 de enero de 2008
Un jeta llamado Cruyff.
Acabo de leer el último artículo firmado por Joahn Cruyff en "El Periódico". Me parece, como siempre, vergonzoso/bochornoso. Como antes pasaba en "La Vanguardia". Sigue con su tradicional odio/rencor hacia Ronaldinho, aún sin citarlo. Lo que me parece más cobarde todavía. No cesará hasta ver al brasileño lejos,muy lejos del Barça, de Barcelona y de Cataluña. Es capaz ahora de poner como modelo a Kaká, y si lo pone es porque está en Milán y no aquí. Aún, a sabiendas, que quién descubrió a Kaká es el mismo ex directivo que descubrió a Ronaldinho. El milanista era el tercero en la lista del ex vicepresidente deportivo: 1) Ronaldinho 2)Deco y 3) Kaká. Pero como sabe que la gente no lo sabe, lo cita. Si Kaká llega a venir al Barça de la mano del mismo, lo ignoraría. O lo destruiría. Como ha intentando hacer con Ronaldinho desde el día que fichó por el Barça.
Cruyff es rencoroso/vengativo. Ya en su etapa de jugador digería con muy mal tono cuando alguien citaba el nombre de Kubala como símbolo del barcelonismo. Cruyff nunca ha aceptado (ni aceptará) que haya alguien mejor que él.
Para él, el mejor ha sido/es/y será, él.
En el artículo que firma (dudo que escriba) dice que está "prohibido confundir rendimiento con espectacularidad. Porque una cosa es eficacia y otra fuegos artificiales. Lo segundo siempre llama la atención. Lo primero te da títulos". Y el profeta añade: "A mí, uno que va por libre en el camp no me vale. Un egoista no me sirve para nada". Y más adelante: "La cabeza es más importante que los pies. Para mí es tan importante lo que se hace en el campo como lo que se hace fuera. Sólo eso te da un mínimo de garantías para tener una carrera larga y enormes altibajos. A diferencia de otros brasileños, Kaká apunta este perfil de gran futbolista de largo recorrido".
Cruyff lo que no tiene es la valentía de citar, textualmente, el nombre de Ronaldinho. Y es que los celos, le hierven. Aún y así, los argumentos que expone se caen por su propia base, salvo que no se autobiografíe de su etapa como jugador del Barça. Porque mientras en el caso del brasileño ha sido posible unir eficacia y espectacularidad, en los cinco años de Cruyff como jugador azulgrana (salvo sus primeros cuatro) no hubo por su parte ni eficacia ni espectacularidad. Hubo, eso sí, vagancia y, como ya dije otro día, todos los méritos para interpretar "Los domingos, al sol".
Cruyff, en su última crónica, habla (como siempre) de su etapa del Dream Team, de la que nunca dice que estuvo ocho años para ganar un título de Liga y "encontrarse" de rebote con otros tres (los dos de Tenerife y el del Deportivo). Y dice que un equipo necesita tipos fieles y honestos como "Eusebio, Maldini o Raúl". Y aún no sé como no se incluye él, entre los ejemplos.
Vamos a ver: ¿es que en la centenaria vida del Barça no ha habido más jugadores fieles y honestos que los del "dream team" ?. De entrada, por no remontarme más en la historia, todos los miembros del equipo de las 5 Copas (de Kubala a César, de Ramallets a Biosca, de Basora a Manchón, o los hermanos Gonzalvo) fueron tan o más fieles y honestos que los del "dream team". Como lo fueron posteriormente los Gallego, Migueli, Zaldúa, Torres....Y por citar un sólo ejemplo de los actuales, ahí está Carles Puyol pero que, como nunca ha sido santo de su devoción, ni le ha hecho la rosca, jamás lo ha incluído en los modelos a seguir. No, para usted, Puyol, no es un tipo fiel y honesto.
De lo que sí puede estar convencido Cruyff es que si hace una encuesta entre los más de cien mil socios barcelonistas sobre los "tipos fieles y honestos" en la historia del FC Barcelona, dificilmente encontrará alguien que cite su nombre. Y eso que lleva más de treinta años, predicando y viviendo del barcelonismo.
Cruyff es rencoroso/vengativo. Ya en su etapa de jugador digería con muy mal tono cuando alguien citaba el nombre de Kubala como símbolo del barcelonismo. Cruyff nunca ha aceptado (ni aceptará) que haya alguien mejor que él.
Para él, el mejor ha sido/es/y será, él.
En el artículo que firma (dudo que escriba) dice que está "prohibido confundir rendimiento con espectacularidad. Porque una cosa es eficacia y otra fuegos artificiales. Lo segundo siempre llama la atención. Lo primero te da títulos". Y el profeta añade: "A mí, uno que va por libre en el camp no me vale. Un egoista no me sirve para nada". Y más adelante: "La cabeza es más importante que los pies. Para mí es tan importante lo que se hace en el campo como lo que se hace fuera. Sólo eso te da un mínimo de garantías para tener una carrera larga y enormes altibajos. A diferencia de otros brasileños, Kaká apunta este perfil de gran futbolista de largo recorrido".
Cruyff lo que no tiene es la valentía de citar, textualmente, el nombre de Ronaldinho. Y es que los celos, le hierven. Aún y así, los argumentos que expone se caen por su propia base, salvo que no se autobiografíe de su etapa como jugador del Barça. Porque mientras en el caso del brasileño ha sido posible unir eficacia y espectacularidad, en los cinco años de Cruyff como jugador azulgrana (salvo sus primeros cuatro) no hubo por su parte ni eficacia ni espectacularidad. Hubo, eso sí, vagancia y, como ya dije otro día, todos los méritos para interpretar "Los domingos, al sol".
Cruyff, en su última crónica, habla (como siempre) de su etapa del Dream Team, de la que nunca dice que estuvo ocho años para ganar un título de Liga y "encontrarse" de rebote con otros tres (los dos de Tenerife y el del Deportivo). Y dice que un equipo necesita tipos fieles y honestos como "Eusebio, Maldini o Raúl". Y aún no sé como no se incluye él, entre los ejemplos.
Vamos a ver: ¿es que en la centenaria vida del Barça no ha habido más jugadores fieles y honestos que los del "dream team" ?. De entrada, por no remontarme más en la historia, todos los miembros del equipo de las 5 Copas (de Kubala a César, de Ramallets a Biosca, de Basora a Manchón, o los hermanos Gonzalvo) fueron tan o más fieles y honestos que los del "dream team". Como lo fueron posteriormente los Gallego, Migueli, Zaldúa, Torres....Y por citar un sólo ejemplo de los actuales, ahí está Carles Puyol pero que, como nunca ha sido santo de su devoción, ni le ha hecho la rosca, jamás lo ha incluído en los modelos a seguir. No, para usted, Puyol, no es un tipo fiel y honesto.
De lo que sí puede estar convencido Cruyff es que si hace una encuesta entre los más de cien mil socios barcelonistas sobre los "tipos fieles y honestos" en la historia del FC Barcelona, dificilmente encontrará alguien que cite su nombre. Y eso que lleva más de treinta años, predicando y viviendo del barcelonismo.
sábado, 26 de enero de 2008
Laporta, del Barça a la política.
Decía hace unos días que Joan Laporta me parece ya el peor presidente de la historia del Barça. Y si no lo quieren así, uno de los peores. Da igual. Lo digo porque algún internauta aún duda entre él y Gaspart. Para mí no hay duda alguna. Laporta es peor, infinitamente peor que "juanito el tortilla", como le llamaba en su época José María García. Y de Gaspart podría escribir un libro. Sé de sus andanzas en los negocios/en el Barça/ y en la prensa deportiva, que también ha sido sus dominios. Y un día cualquiera hablo, desde su etapa de "juanito el tortillas a su acojonamiento al enterarse que iba a compartir mesa en un plató de televisión con Javier Gurruchaga. Les puedo hablar de eso, de Figo, de Overmars, de la madre Teresa de Calcuta y del a Dios rogando y con el mazo dando.
Pero aún así y todo, Gaspart, cuando se presentó a las elecciones presidenciales del Fútbol Club Barcelona no engañaba a nadie. Casi todos sabían cómo era/quién era y de lo que era capaz de hacer sin alguien que lo frenara, como lo intentaba frenar (cuando podía) Núñez. Gaspart ganó porque Castells dió marcha atrás y prefirió una vicepresidencia en mano que una presidencia volando. Y Bassat no tenía nada que hacer, porque no hay peor candidato que un publicista presumido. Por eso Bassat ha tropezado dos veces en la misma piedra.
Pero a lo que íba. A Gaspart se le conocía y se sabía que era un peligro público en la presidencia. Pero el caso de Laporta es diferente. Sólo le conocían los del Elefant Blau y Cruyff. Y los que hemos seguido sus andanzas desde el Passeig de Sant Joan hasta la calle Villarroel con Diagonal. Pero éstos somos algunos, no muchos. La mayoría de los socios que fueron a votar ni sabían quién era Laporta y menos todavía quién podía llegar a ser si salía elegido. Tampoco importaba demasiado en aquellos momentos. Lo que se quería era un cambio/y el cambio era la candidatura de Laporta.
Una vez ganadas las elecciones, Laporta ya comenzó a dar señales (interiormente) de quién era/de qué quería y qué pretendía. A Laporta siempre le ha importado poco el Barça. Únicamente le ha importado (le importa) su persona y sus circunstancias. Como, además, se encontró con un equipo llovido del cielo, el Barça y Barcelona se le ha quedado pequeña. Su ambición no tiene límites. Y si alguien opta por toserle, se lo lleva por delante sin contemplaciones. Ahí está esa larga lista de damnificados víctimas de su tiranía.
Laporta ya piensa en pos-Barça. En la política. El otro día, sin ir más lejos, tuvo que elegir entre el Villarreal-Barça o un acto político y no dudó. Eligió la política, porque ya piensa en política. El Barça ha sido su trampolín/la herramienta desde donde dar el salto. Del Barça ya poco le importa. Tan sólo a quien intentará dejar en la presidencia cuando él se vaya. Si seguir apostando por Soriano que ha demostrado saber estar y también saber callar, u optar por Jaume Ferrer que tiene el respaldo del pujolismo. Todo dependerá de que Laporta vaya con Convergencia o con una nueva alternativa política. Y ésta decisión será determinante a la hora de elegir y apoyar a su heredero, como si el Barça fuera -de hecho lo es- su finca particular.
Ahora aspira/ambiciona a que sea suyo el País.
Pero aún así y todo, Gaspart, cuando se presentó a las elecciones presidenciales del Fútbol Club Barcelona no engañaba a nadie. Casi todos sabían cómo era/quién era y de lo que era capaz de hacer sin alguien que lo frenara, como lo intentaba frenar (cuando podía) Núñez. Gaspart ganó porque Castells dió marcha atrás y prefirió una vicepresidencia en mano que una presidencia volando. Y Bassat no tenía nada que hacer, porque no hay peor candidato que un publicista presumido. Por eso Bassat ha tropezado dos veces en la misma piedra.
Pero a lo que íba. A Gaspart se le conocía y se sabía que era un peligro público en la presidencia. Pero el caso de Laporta es diferente. Sólo le conocían los del Elefant Blau y Cruyff. Y los que hemos seguido sus andanzas desde el Passeig de Sant Joan hasta la calle Villarroel con Diagonal. Pero éstos somos algunos, no muchos. La mayoría de los socios que fueron a votar ni sabían quién era Laporta y menos todavía quién podía llegar a ser si salía elegido. Tampoco importaba demasiado en aquellos momentos. Lo que se quería era un cambio/y el cambio era la candidatura de Laporta.
Una vez ganadas las elecciones, Laporta ya comenzó a dar señales (interiormente) de quién era/de qué quería y qué pretendía. A Laporta siempre le ha importado poco el Barça. Únicamente le ha importado (le importa) su persona y sus circunstancias. Como, además, se encontró con un equipo llovido del cielo, el Barça y Barcelona se le ha quedado pequeña. Su ambición no tiene límites. Y si alguien opta por toserle, se lo lleva por delante sin contemplaciones. Ahí está esa larga lista de damnificados víctimas de su tiranía.
Laporta ya piensa en pos-Barça. En la política. El otro día, sin ir más lejos, tuvo que elegir entre el Villarreal-Barça o un acto político y no dudó. Eligió la política, porque ya piensa en política. El Barça ha sido su trampolín/la herramienta desde donde dar el salto. Del Barça ya poco le importa. Tan sólo a quien intentará dejar en la presidencia cuando él se vaya. Si seguir apostando por Soriano que ha demostrado saber estar y también saber callar, u optar por Jaume Ferrer que tiene el respaldo del pujolismo. Todo dependerá de que Laporta vaya con Convergencia o con una nueva alternativa política. Y ésta decisión será determinante a la hora de elegir y apoyar a su heredero, como si el Barça fuera -de hecho lo es- su finca particular.
Ahora aspira/ambiciona a que sea suyo el País.
viernes, 25 de enero de 2008
Messi, en el ojo del huracán.
Se dice que la española cuando besa es que besa de verdad. Pues bien: Lionel Messi, cuando juega, es que juega de verdad. Cuando pone la marcha, no hay quien le frene. Busca siempre el camino más corto al gol. Es letal. Devastador.
Es un tesoro a proteger, por el bien del fútbol en general. No nacen cada día, ni cada año, ni cada década, jugadores de su talento. Hay que protegerle (como a todos) de los defensas desaprensivos. Que los hay. No como años atrás, porque antes, sin televisión, los carniceros del área campaban a sus anchas, y se llevaban por delante todo lo que se movía fuera de lo normal. Un día, hace años, el más universal de nuestros escultores, Eduardo Chillida, nos contaba en una tertulia que había que penalizar a los defensas con el mismo tiempo de inactividad que el jugador que habían lesionado. Era la única manera de intentar evitar la violencia desproporcionada.
El gran escultor guipuzcoano hablaba con conocimiento de causa. Él era un extraordinario guardameta de la Real Sociedad, una de las mayores promesas del fútbol español, hasta que una tarde, un delantero del Madrid fue a su caza y acabó con su carrera futbolística. El destino quiso que perdiéramos un gran portero pero ganáramos al mejor escultor de todos los tiempos. Y es que en aquellos años de la posguerra, algunos delanteros eran tan o más verdugos que algunos de los caciques del área.
Los viejos socios barcelonistas (al igual que de otros clubs ) recuerdan todavía algunos casos sangrantes. Uno, a finales de los años cuarenta, cuando el Barcelona del uruguayo Enrique Fernández arrasaba en el campeonato. En tres años, dos ligas. Fernández trajo tres argentinos, los tres delanteros y buenísimos: Florencio Caffaratti, Marcos Aurelio y Mateo Nicoláu, éste último de origen mallorquín. Eran una maravilla, sobre todo Florencio, que regateaba y chutaba como nadie. Duró menos que un pastel a la puerta de un colegio. Una tarde, en un Barcelona-Español, Florencio armó el taco y levantó los olés continuados de las gradas. Un defensa españolista durísimo, acabó con la carrera deportiva de Florencio para siempre. Ya nunca más llegó a ser lo que había sido.
Otro caso bárbaro, con Kubala como protagonista. Jugaban Barça-Athletic de Bilbao y Laszy tenía la tarde inspirada. Regateaba a uno, a dos, a tres. A todos los que se le pusieran por delante. Incluso esperaba a alguno que se levantara del césped para volverle a regatear. (Hay que decir que a Kubala, a veces, le gustaba provocar con el balón y los codos). En una de las jugadas, un ariete del Athletic de Bilbao, cruzó todo el campo y cuando Kubala se encontraba junto al córner, recibió una patada tan tremenda que de la camilla fue directo al quirófano. Tres meses sin jugar
De éstas jugadas, en todos los campos se han visto y vivido, y no hay ningún club que pueda decir de esta agua no he bebido y0. Ni el Barça. Defensas como Biosca/Gallego/Eladio/Migueli....los ponían por corbata a los rivales. El que diga lo contrario, es que su fanatismo le enciega.
Ahora, el gran peligro que corre por los campos españoles es Lionel Messi. Su forma de jugar, de regatear, de encarar (y hasta su picaresca) le convierten en caldo de cañón. Actualmente, la multitud de cámaras condiciona más a los defensas, pero los siguen existiendo que se olvidan del mundo que les rodea, se les cruzan los cables, y se llevan incluso a su padre por delante.
Messi, por su juventud, quizá no es consciente del peligro que corre su espectacular y maravillosa forma de jugar.
Pero Messi necesita, además, de otra protección. La externa. La de los que apuntan y señalan. Y la de los envidiosos. Messi ya ha entrado en el cielo de las envidias. Por varias razones. Messi es un autodidacta. A nadie le debe nada. Fichó por el Barça más por insistencia suya y de su padre que por acierto de los ojeadores del club. Ahora, todo el mundo lo ha descubierto. Pero lo cierto es que fue él y su padre quienes (a través de Minguella) llamaron a la puerta del Barça de forma reiterativa. Rexach dijo sí, como podía haber dicho no. Una vez fichado, en las categorías inferiores era ya un espectáculo. Un matador del área. Pero seguían sin creer demasiado en él. Argumentaban su escasa estatura para triunfar, aunque ya estaba sumergido a un tratamiento hormonal para traspasar la barrera del 1,50 a la que parecía destino. Las hormonas le ayudaron a crecer un poco más. No lo suficiente para que el cuadro ténico azulgrana siguiera confiando en sus posibilidades. Fue la llamada de Pekerman, su éxito personal en el Mundial-Sub-20, lo que le abrió las puertas del Gamper. Y la armó. Sólo faltó aquella noche que Fabio Capello le dedicara los mayores elogios para que Txiki/Rijkaard y la directiva reaccionaran, entre otras cosas, porque ya tenía un pie en el Espanyol.
Messi se ha convertido en un pequeño gran gigante en el Barça. Pero aún así y todo, le pasan facturas. Ya denuncié el otro día el impresentable artículo de Johan Cruyff sobre el argentino pidiendo para él una sanción. Y cuando Cruyff apunta, es que la directiva, sino apunta, anota. Y es que digan lo que digan, al igual que Ronaldinho, no es santo de la devoción de ellos. Porque no es "su fichaje". Y esto funciona así. En el caso de Cruyff no es de extrañar. Nunca ha querido ni argentinos ni brasileños en sus equipos. Siempre les ha tenido celos. Basta repasar su historial. En sus ocho años como entrenador del Barça jamás tuvo un argentino en su plantilla. Y eso que tuvo de todo, incluso novios y maridos de sus hijas. Pero argentinos, ninguno. Y brasileños tuvo dos, y casi más por imposición que por devoción. Y los dos le duraron nada. Aloisio fue un defensa de paso, y Romario, pese a su excepcional rendimiento goleador, no sobrevivió el año y medio como azulgrana. Cansado de Cruyff, se fue uno de los brasileños más letales que ha tenido el Barça.
Ahora, el objetivo es Lionel Messi que, para colmo, se entiende bien con Ronaldinho y Deco, lo que en el Barça está penalizado. De momento, por una escapada de veinticuatro horas a Qatar, ya ha sido amenazado. Lo nunca visto. Y es que Messi, además de tener que vigilar a los desaprensivos zagueros que le toquen en turno, tendrá que estar con los ojos bien abiertos a los mandamientos de Cruyff. Porque en el Barça, para Laporta y su junta, no hay otro mandamiento que el que firma el profeta. Y Messi, a sus veinte años, ya está en el ojo del huracán.
Es un tesoro a proteger, por el bien del fútbol en general. No nacen cada día, ni cada año, ni cada década, jugadores de su talento. Hay que protegerle (como a todos) de los defensas desaprensivos. Que los hay. No como años atrás, porque antes, sin televisión, los carniceros del área campaban a sus anchas, y se llevaban por delante todo lo que se movía fuera de lo normal. Un día, hace años, el más universal de nuestros escultores, Eduardo Chillida, nos contaba en una tertulia que había que penalizar a los defensas con el mismo tiempo de inactividad que el jugador que habían lesionado. Era la única manera de intentar evitar la violencia desproporcionada.
El gran escultor guipuzcoano hablaba con conocimiento de causa. Él era un extraordinario guardameta de la Real Sociedad, una de las mayores promesas del fútbol español, hasta que una tarde, un delantero del Madrid fue a su caza y acabó con su carrera futbolística. El destino quiso que perdiéramos un gran portero pero ganáramos al mejor escultor de todos los tiempos. Y es que en aquellos años de la posguerra, algunos delanteros eran tan o más verdugos que algunos de los caciques del área.
Los viejos socios barcelonistas (al igual que de otros clubs ) recuerdan todavía algunos casos sangrantes. Uno, a finales de los años cuarenta, cuando el Barcelona del uruguayo Enrique Fernández arrasaba en el campeonato. En tres años, dos ligas. Fernández trajo tres argentinos, los tres delanteros y buenísimos: Florencio Caffaratti, Marcos Aurelio y Mateo Nicoláu, éste último de origen mallorquín. Eran una maravilla, sobre todo Florencio, que regateaba y chutaba como nadie. Duró menos que un pastel a la puerta de un colegio. Una tarde, en un Barcelona-Español, Florencio armó el taco y levantó los olés continuados de las gradas. Un defensa españolista durísimo, acabó con la carrera deportiva de Florencio para siempre. Ya nunca más llegó a ser lo que había sido.
Otro caso bárbaro, con Kubala como protagonista. Jugaban Barça-Athletic de Bilbao y Laszy tenía la tarde inspirada. Regateaba a uno, a dos, a tres. A todos los que se le pusieran por delante. Incluso esperaba a alguno que se levantara del césped para volverle a regatear. (Hay que decir que a Kubala, a veces, le gustaba provocar con el balón y los codos). En una de las jugadas, un ariete del Athletic de Bilbao, cruzó todo el campo y cuando Kubala se encontraba junto al córner, recibió una patada tan tremenda que de la camilla fue directo al quirófano. Tres meses sin jugar
De éstas jugadas, en todos los campos se han visto y vivido, y no hay ningún club que pueda decir de esta agua no he bebido y0. Ni el Barça. Defensas como Biosca/Gallego/Eladio/Migueli....los ponían por corbata a los rivales. El que diga lo contrario, es que su fanatismo le enciega.
Ahora, el gran peligro que corre por los campos españoles es Lionel Messi. Su forma de jugar, de regatear, de encarar (y hasta su picaresca) le convierten en caldo de cañón. Actualmente, la multitud de cámaras condiciona más a los defensas, pero los siguen existiendo que se olvidan del mundo que les rodea, se les cruzan los cables, y se llevan incluso a su padre por delante.
Messi, por su juventud, quizá no es consciente del peligro que corre su espectacular y maravillosa forma de jugar.
Pero Messi necesita, además, de otra protección. La externa. La de los que apuntan y señalan. Y la de los envidiosos. Messi ya ha entrado en el cielo de las envidias. Por varias razones. Messi es un autodidacta. A nadie le debe nada. Fichó por el Barça más por insistencia suya y de su padre que por acierto de los ojeadores del club. Ahora, todo el mundo lo ha descubierto. Pero lo cierto es que fue él y su padre quienes (a través de Minguella) llamaron a la puerta del Barça de forma reiterativa. Rexach dijo sí, como podía haber dicho no. Una vez fichado, en las categorías inferiores era ya un espectáculo. Un matador del área. Pero seguían sin creer demasiado en él. Argumentaban su escasa estatura para triunfar, aunque ya estaba sumergido a un tratamiento hormonal para traspasar la barrera del 1,50 a la que parecía destino. Las hormonas le ayudaron a crecer un poco más. No lo suficiente para que el cuadro ténico azulgrana siguiera confiando en sus posibilidades. Fue la llamada de Pekerman, su éxito personal en el Mundial-Sub-20, lo que le abrió las puertas del Gamper. Y la armó. Sólo faltó aquella noche que Fabio Capello le dedicara los mayores elogios para que Txiki/Rijkaard y la directiva reaccionaran, entre otras cosas, porque ya tenía un pie en el Espanyol.
Messi se ha convertido en un pequeño gran gigante en el Barça. Pero aún así y todo, le pasan facturas. Ya denuncié el otro día el impresentable artículo de Johan Cruyff sobre el argentino pidiendo para él una sanción. Y cuando Cruyff apunta, es que la directiva, sino apunta, anota. Y es que digan lo que digan, al igual que Ronaldinho, no es santo de la devoción de ellos. Porque no es "su fichaje". Y esto funciona así. En el caso de Cruyff no es de extrañar. Nunca ha querido ni argentinos ni brasileños en sus equipos. Siempre les ha tenido celos. Basta repasar su historial. En sus ocho años como entrenador del Barça jamás tuvo un argentino en su plantilla. Y eso que tuvo de todo, incluso novios y maridos de sus hijas. Pero argentinos, ninguno. Y brasileños tuvo dos, y casi más por imposición que por devoción. Y los dos le duraron nada. Aloisio fue un defensa de paso, y Romario, pese a su excepcional rendimiento goleador, no sobrevivió el año y medio como azulgrana. Cansado de Cruyff, se fue uno de los brasileños más letales que ha tenido el Barça.
Ahora, el objetivo es Lionel Messi que, para colmo, se entiende bien con Ronaldinho y Deco, lo que en el Barça está penalizado. De momento, por una escapada de veinticuatro horas a Qatar, ya ha sido amenazado. Lo nunca visto. Y es que Messi, además de tener que vigilar a los desaprensivos zagueros que le toquen en turno, tendrá que estar con los ojos bien abiertos a los mandamientos de Cruyff. Porque en el Barça, para Laporta y su junta, no hay otro mandamiento que el que firma el profeta. Y Messi, a sus veinte años, ya está en el ojo del huracán.
martes, 22 de enero de 2008
Cruyff, antes que Ronaldinho y Messi.
Leo los artículos firmados por Cruyff en "El Periódico" como antes lo hacía en "La Vanguardia". Es verdad que lunes que escribe él, en vez de dejar un euro en el kiosko, echo mano del diario en cualquier tasca. El resto de días, pago por leer. Pero cuando escribe el profeta-del-mal, no. A mí, ese, no me saca un duro. Ni me lo sacará.
Sin haber estado nunca en su circuito, le conozco bien. Y eso que los holandeses me han caído bien. Y las holandesas, mejor. En mis años jóvenes, las francesas/las suecas/y las holandesas nos enseñaron lo que las españolas nos escondían. Y si una francesa posó al mundo como Dios creó a la mujer (Brigitte Bardot), una holandesa (Sylvia Kristel) fue la primera sex-symbol de toda una generación. La icono de Emmanuelle era, además, cruyffista. Y su madre, más. Eran hinchas del Ajax, cuando el Ajax revolucionó el fútbol.
Yo, también fuí un admirador de aquel Ajax de Cruyff. Como del Benfica de Eusebio. Pero el Cruyff que conocí en el Barça, ya no era aquel delantero hambriento de goles, de fama y victorias. Yo conocí al sediento de dinero. Al pesetero. Al de sacar la máxima pasta con el mínimo esfuerzo. ¿Para qué esforzarse más si a esta parroquia -la blaugrana-con tres jugaditas se le cae la baba y ya tiene suficiente?
Se lo dije un día a Armand Carabén, el hombre que lo fichó para el Barça y el que le solucionó mil y un problemas que, algún día, les contaré. Porque antes de que Laporta se acercara a Carabén para conocer a Cruyff, yo ya conocía a los dos y tenía cierta amistad (y cariño) con el gerente barcelonista.
Comíamos de vez en cuando. "Menos en Reno, donde quieras, que ahí cualquier día ponen una bomba", me decía Carabén. Y es que entonces a Reno iba la Barcelona poderosa y los hijos del franquismo. Casi todos. Incluída parte de la directiva barcelonista a la que pertenecía Carabén. Porque no todos los directivos barcelonistas han sido siempre demócratas y contrarios al régimen. Ha habido de todo. Como ahora. Desde el sol que más calienta (Laporta) a incoloros (Soriano/Ingla)), pujolistas (Ferrer), franquistas (Echevarria), chaqeteros de colores (Sala Martin) y gentes que han estado y estarán con todos, como Murtra/Borrás/Huguet y cía.
Pero vuelvo a Carabén. En esas comidas que de vez en cuando hacíamos, muchas de ellas en el Heidelberg, la popular cervecería de Ronda Universitat, hablamos como casi siempre de Cruyff. Cumplía su segundo año en el equipo. Le dije:
-Este tío es un jeta -por Cruyff- Desde que ha fichado está viviendo de cuatro paisajes: del debú, (apoteósico ante el Granada). Del gol que le ha marcado a Reina ante el Atlético de Madrid. Del 0-5 en el Bernabéu, la gran noche de Asensi y Marcial. Y del título de Liga. Lleva ahora un año viviendo de aquéllo y del cuento. Sólo le importa la pasta, el "camel" y mirarse alguna tía cuando su mujer no le puede controlar. Punto.
Carabén que tenía un gran sentido del humor, quitaba hierro, y decía: "Ya verás como volverá a ser el que ha sido. Ahora está distraído...."
La distracción le duró tres años más. Cruyff ya no volvió a hacer nada como futbolista. Y, con sus compañeros de equipo, se fue injusto. O si se quiere, no sufientemente justos. Pero como los focos y el marketing (entonces casi desconocido) eran exclusivamente para él, el resto de jugadores quedaron a la sombra del crack. Los Sotil/Asensi/Juan Carlos/ y Marcial, jugadorazos todos ellos de sacarse el sombrero, pasaban a un segundo plano. Sobre todo, Marcial, que era el mejor. !Dios mío que cacho de jugador el rubio!. No he visto otro futbolista tan elegante y efectivo como él. Ni Laudrup, que ya es decir.
Los tres rubios de aquel equipo tenían repartidos los papeles. El holandés estaba por la caja y, de vez en cuando, por el equipo. El otro rubio (Rexach), como buen catalán, por recoger todo lo que caía, no sólo las primas, sino que todo lo que se le ponía por delante. Se fotografiaba con la Motta (Guillermina) y se encamaba -decían- con la Bárbara, la Rey. La propia vedette confesó no hace mucho que ella y Rexach estaban locamente enamorados, y nunca le había dicho que tuviera novia y estuviera a punto de casarse.
Y el tercer rubio, Marcial Pina, era el que jugaba, el que pasaba, el que asistía, el que repartía cartas a diestro y siniestro para que todos se lucieran. Y si podía, el as se lo guardaba para él, y en el primer año de Cruyff, el que más ases sacó fue Marcial. Pero su defecto es que ni era holandés, ni era catalán. Para mayor inri, venía del Espanyol y era hijo de la benemérita. Las chicas se volvían locas por él, pero los directivos comían y cenaban con Cruyff. Había cola.
Además, la prensa de la época, no publicaba nada de lo no publicable. Ni se hablaba de amoríos y menos todavía de los fallidos negocios inmobiliarios del profeta. La prensa del barcelonismo era fiel a lo que decían Carabén o Ibáñez Escofet, maestro de toda una generación de periodistas. Y además de maestro, un gran tipo. Pero a los dos (Carabén/Ibáñez Escofet) les caía la baba cada vez que veían y estaban con Cruyff. Como la Generalitat no existía, para ellos el president era Cruyff, aunque no hablara catalán.
Más tarde se sumaron a la congregación de cruyffistas, Joan Granados y Jaume Rosell, aunque éstos dos, entre plato y plato en "La puñalada" o en el "Agut", eran conscientes de que el único que mandaba en el club no era Montal, sino Cruyff, que era el que tenía la llave de la caja. Por mucho que pagaran los socios, por mucho que aumentaran los ingresos por publicidad y televisión, el principal botín era para el profeta.
Los directivos y los ejecutivos lo sabían, pero eran prisioneros de los caprichos del líder. A ellos, a los que regían la entidad les quedaban las letras y las deudas. Por eso, Ferrán Riba, el secretario general con Carabén, que era muy listo, a la primera oportunidad de poner tierra por en medio, no se lo pensó dos veces. Se fue con ell banquero Castells y si le fallaba, tenía a Samaranch en la retaguardia.
Detrás de Riba, se fue Carabén, pero era tanto lo que le ataba con el matrimonio Cruyff que siguió siendo su amigo. Pero ahora desde fuera, no desde dentro.
La prensa seguía magnificando al delantero. Y por si faltara algo, un periodista holandés, Theo Stolz, era capaz de hacer ver a los colegas lo que no habían visto. Que aquel gol en el que ni había participado en la jugada Cruyff era posible porque la defensa miraba al holandés y no miraba al resto de compañeros. Y buena parte de ellos, salían convencidos de ver lo que no habían visto. Y eso, que entonces no estaban Patsy ni TV3.
!Ay, Dios, si aquella tarde que se ganó la Liga en El Molinón, al vencer al Sporting (2-4) en vez del rubio Marcial es Cruyff el que hace las jugadas y marca los tres goles que marcó Marcial! Hoy, Oriol Bohigas, Ricard Bofill o Alfons Milá, ya le habríann hecho un parque público con el correspondiente monumento. Pero como fue Marcial...
Y hasta los telediarios de Miguel Ors, que era del Atlético de Madrid, quizás para fastidiar más a los madridistas, abrieron con Cruyff. Las jugadas y los goles de Marcial, eran secundarios.
En sus cinco años como jugador del Barça, cuatro años y medio vividos al sol, su asesor y buen amigo Jaume Roures (entonces sin un duro y hoy multimillonario) podía haber producido ya la película "Los domingos, al sol", sin tener que esperar tantos años a hacer "Los lunes al sol" . Cruyff, pagando el Barça, era el perfecto intérprete al que no tenía que añadir ficción.
Yo, aquellos años de Cruyff jugador, los vivía intensamente. Y le veía hacer una jugada cada media hora en casa (tres en un partido) y sacar mejor que nadie los fuera de banda en campo contrario. Y cero jugadas. Pero al día siguiente, algunos de mis amigos, seguían titulando "Cruyff, magistral". Y los socios que no viajaban, a tragar.
El problema-fenómeno Cruyff es que el Barça llevaba catorce años sin ganar una Liga. Y no sólo por culpa de Plaza y Franco. Es que su juego aburría a las ovejas. El único que pudo dinamizar aquel equipo y dió algunas tardes de gloria, se murió en lo mejor de la vida, Julio César Benítez.
En esos cinco años de locura-cruyffista, él, que era más listo que todos juntos fuera del campo, convenció a Michels para que trajera a su amigo Neeskens. Lo pagó Sotil -y el Barça, claro-. Pero como el peruano era incapaz de gritar y había pasado hambre en su niñez, aceptó todo lo que le propusieron, entre otras cosas, arruinar su vida deportiva. Un año al paro era mucho para un joven azteca, con dinero en el bolsillo, y la nocturnidad barcelonesa en pleno apogeo de camareras para todos los servicios. Sotil cayó en la trampa, y el Barça se quedó sin uno de sus hombres más letales en el área. Y el único que era capaz de partirse la cara con aquellos defensas de entonces que sólo mirarlos, asustaban. Por eso duró tan poco Cruyff. No porque le pegaran, sino porque estaba acojonado.
No satisfecho con cargarse el equipo, después se cargó a uno de los mejores entrenadores que ha tenido el club: Weisweiler. Exigía mucho en los entrenamientos y en los partidos. Y al que quería exigir más era a la estrella, a quien más dinero se llevaba. Weisweiler ya le había dicho a la directiva que cualquier día lo dejaba en la suplencia. Que en los partidos de casa aún medio engañaba a la gente, pero en campo contrario jugaban siempre con diez. Ni corto ni perezoso, el técnico, agotada ya la paciencia, decidió en un partido en el Camp Nou ante el Sevilla sustituirle por uno de la cantera, Fortes. !La que se armó!. Montal no sabía donde esconderse ante las amenazas de Cruyff. "Es la última vez que este tío me cambia. Si quiere guerra, la tendrá". Y por si fuera poco lo que había vomitado se despachó con unas contundentes declaraciones: "Él o yo". Naturalmente, él se quedó y Weisweiler se tuvo que marchar.
El balance del-Cruyff-jugador-del Barça fue aterrador. Una sola Liga en cuatro años. Y una sola participación en la Copa de Europa. En esos cinco años, en la Liga marcó 47 goles, a menos de diez goles por campaña. Y de esos goles, sólo catorce en campo contrario (a casi tres por año). Eran goles multimillonarios.
(Es sintomático. Los viejos culés recuerdan varios goles de Samitier, de César, de Basora, de Kubala, de Evaristo, de Eulogio Martínez, de Luis Suárez, de Kocsis, de Schuster, de Maradona, de Rexach, de Laudrup, de Romario, de Ronaldo. Hasta de Martí Filosía. De toda la gama de acciones. De Cruyff, sólo se recuerda el que le metió a Reina, que lo han dado tres millones de veces porque no hay otro espectacular de él en ninguna videoteca.)
Cruyff, como jugador, fue una ruina. En todos los sentidos. El club quedó endeudado hasta las cejas. Y, encima, en su último año, traicionó a toda la directiva que apoyaba la candidatura de Ferrán Ariño ante Josep Lluís Núñez. Ni corto ni perezoso, en vísperas de las elecciones, Cruyff (y Rexach) se soltaron con unas declaraciones televisivas apoyando la candidatura de Núñez. Bueno, Cruyff fue más sibarita. Dijo que ya sabía a quién no iba a votar (por Ariño). Y se quedó tan ancho. Eliminado de los comicios Víctor Sagi, que era el gran favorito, los convergentes entre Ariño y Núñez no tenían duda. Querían el triunfo de Ariño. Pero Cruyff le puso la cruz, mientras se especulaba con qué le podía haber dado Núñez para cambiar la voluntad del profeta.
Ese Cruyff jugador, después de su último servicio, no al Barça, sino a Núñez, se fue por la puerta de servicio. Dejó la tesorería del club como un solar, con una deuda que el nuevo presidente calificó de "monstruosa" (por lo que cobraban los holandeses) y con los inspectores fiscales llamando sí y día también al club para ver quién pagaba lo que no había pagado el jugador.
Al cabo de los años, los mismos convergentes que siempre habían visto -y ven- por los ojos de Cruyff, quisieron "recuperar el Barça" y se inventaron una candidatura encabezada por Sixte Cambra para derribar a Núñez. La clave del éxito era fichar a Cruyff como reclamo de la candidatura. Era una estrategia bien estudiada. Pero Núñez, que como todos los del ladrillo, son más listos que nadie, se anticipó y fichó al entrenador Cruyff. No creía en él. Pero sabía que con él nuevamente ganaba las elecciones y además dejaba a los convergentes "sin entrenador electoral".
Núñez pagó a Hacienda lo que debía Cruyff y el profeta de nuevo se abrazaba al constructor y dejaba con el culo al aire a los convergentes que le habrían dado lo que pidiera y más. Si era necesario, hasta la mujer.
Este es el Johan Cruyff que viene dando lecciones de moral. Antes en "La Vanguardia" y ahora en "El Periódico". El mismo ser que no ha digerido nunca los éxitos de Ronaldinho, fichado en contra de su voluntad. Y el brasileño, en horas bajas, desde el gimnasio, o desde Bikini, ha hecho más, infinitamente más que el holandes en menos años. Pero desde el primer día lo sentenció. Como ahora comienza a señalar y amenazar a Leo Messi porque tampoco es santo de su devoción. Ya ha lanzado una amenaza por su viaje a Qatar diciendo que es inaceptable y que hay que multarlo.
Y es que a Cruyff nunca le han caído bien las estrellas, y menos si son brasileñas o argentinas. El profeta no quiere más estrellas en el firmamento que la suya. Y como sabe que treinta y cinco años después, (casi) todos siguen diciendo amén a cuanto dice o cuanto escribe (o firma), nada cambia. Él sigue en el cielo, y el resto donde podemos.
Y se queda tan ancho. Que todo se lo publican. Y le dan mil veces la razón.
Sin haber estado nunca en su circuito, le conozco bien. Y eso que los holandeses me han caído bien. Y las holandesas, mejor. En mis años jóvenes, las francesas/las suecas/y las holandesas nos enseñaron lo que las españolas nos escondían. Y si una francesa posó al mundo como Dios creó a la mujer (Brigitte Bardot), una holandesa (Sylvia Kristel) fue la primera sex-symbol de toda una generación. La icono de Emmanuelle era, además, cruyffista. Y su madre, más. Eran hinchas del Ajax, cuando el Ajax revolucionó el fútbol.
Yo, también fuí un admirador de aquel Ajax de Cruyff. Como del Benfica de Eusebio. Pero el Cruyff que conocí en el Barça, ya no era aquel delantero hambriento de goles, de fama y victorias. Yo conocí al sediento de dinero. Al pesetero. Al de sacar la máxima pasta con el mínimo esfuerzo. ¿Para qué esforzarse más si a esta parroquia -la blaugrana-con tres jugaditas se le cae la baba y ya tiene suficiente?
Se lo dije un día a Armand Carabén, el hombre que lo fichó para el Barça y el que le solucionó mil y un problemas que, algún día, les contaré. Porque antes de que Laporta se acercara a Carabén para conocer a Cruyff, yo ya conocía a los dos y tenía cierta amistad (y cariño) con el gerente barcelonista.
Comíamos de vez en cuando. "Menos en Reno, donde quieras, que ahí cualquier día ponen una bomba", me decía Carabén. Y es que entonces a Reno iba la Barcelona poderosa y los hijos del franquismo. Casi todos. Incluída parte de la directiva barcelonista a la que pertenecía Carabén. Porque no todos los directivos barcelonistas han sido siempre demócratas y contrarios al régimen. Ha habido de todo. Como ahora. Desde el sol que más calienta (Laporta) a incoloros (Soriano/Ingla)), pujolistas (Ferrer), franquistas (Echevarria), chaqeteros de colores (Sala Martin) y gentes que han estado y estarán con todos, como Murtra/Borrás/Huguet y cía.
Pero vuelvo a Carabén. En esas comidas que de vez en cuando hacíamos, muchas de ellas en el Heidelberg, la popular cervecería de Ronda Universitat, hablamos como casi siempre de Cruyff. Cumplía su segundo año en el equipo. Le dije:
-Este tío es un jeta -por Cruyff- Desde que ha fichado está viviendo de cuatro paisajes: del debú, (apoteósico ante el Granada). Del gol que le ha marcado a Reina ante el Atlético de Madrid. Del 0-5 en el Bernabéu, la gran noche de Asensi y Marcial. Y del título de Liga. Lleva ahora un año viviendo de aquéllo y del cuento. Sólo le importa la pasta, el "camel" y mirarse alguna tía cuando su mujer no le puede controlar. Punto.
Carabén que tenía un gran sentido del humor, quitaba hierro, y decía: "Ya verás como volverá a ser el que ha sido. Ahora está distraído...."
La distracción le duró tres años más. Cruyff ya no volvió a hacer nada como futbolista. Y, con sus compañeros de equipo, se fue injusto. O si se quiere, no sufientemente justos. Pero como los focos y el marketing (entonces casi desconocido) eran exclusivamente para él, el resto de jugadores quedaron a la sombra del crack. Los Sotil/Asensi/Juan Carlos/ y Marcial, jugadorazos todos ellos de sacarse el sombrero, pasaban a un segundo plano. Sobre todo, Marcial, que era el mejor. !Dios mío que cacho de jugador el rubio!. No he visto otro futbolista tan elegante y efectivo como él. Ni Laudrup, que ya es decir.
Los tres rubios de aquel equipo tenían repartidos los papeles. El holandés estaba por la caja y, de vez en cuando, por el equipo. El otro rubio (Rexach), como buen catalán, por recoger todo lo que caía, no sólo las primas, sino que todo lo que se le ponía por delante. Se fotografiaba con la Motta (Guillermina) y se encamaba -decían- con la Bárbara, la Rey. La propia vedette confesó no hace mucho que ella y Rexach estaban locamente enamorados, y nunca le había dicho que tuviera novia y estuviera a punto de casarse.
Y el tercer rubio, Marcial Pina, era el que jugaba, el que pasaba, el que asistía, el que repartía cartas a diestro y siniestro para que todos se lucieran. Y si podía, el as se lo guardaba para él, y en el primer año de Cruyff, el que más ases sacó fue Marcial. Pero su defecto es que ni era holandés, ni era catalán. Para mayor inri, venía del Espanyol y era hijo de la benemérita. Las chicas se volvían locas por él, pero los directivos comían y cenaban con Cruyff. Había cola.
Además, la prensa de la época, no publicaba nada de lo no publicable. Ni se hablaba de amoríos y menos todavía de los fallidos negocios inmobiliarios del profeta. La prensa del barcelonismo era fiel a lo que decían Carabén o Ibáñez Escofet, maestro de toda una generación de periodistas. Y además de maestro, un gran tipo. Pero a los dos (Carabén/Ibáñez Escofet) les caía la baba cada vez que veían y estaban con Cruyff. Como la Generalitat no existía, para ellos el president era Cruyff, aunque no hablara catalán.
Más tarde se sumaron a la congregación de cruyffistas, Joan Granados y Jaume Rosell, aunque éstos dos, entre plato y plato en "La puñalada" o en el "Agut", eran conscientes de que el único que mandaba en el club no era Montal, sino Cruyff, que era el que tenía la llave de la caja. Por mucho que pagaran los socios, por mucho que aumentaran los ingresos por publicidad y televisión, el principal botín era para el profeta.
Los directivos y los ejecutivos lo sabían, pero eran prisioneros de los caprichos del líder. A ellos, a los que regían la entidad les quedaban las letras y las deudas. Por eso, Ferrán Riba, el secretario general con Carabén, que era muy listo, a la primera oportunidad de poner tierra por en medio, no se lo pensó dos veces. Se fue con ell banquero Castells y si le fallaba, tenía a Samaranch en la retaguardia.
Detrás de Riba, se fue Carabén, pero era tanto lo que le ataba con el matrimonio Cruyff que siguió siendo su amigo. Pero ahora desde fuera, no desde dentro.
La prensa seguía magnificando al delantero. Y por si faltara algo, un periodista holandés, Theo Stolz, era capaz de hacer ver a los colegas lo que no habían visto. Que aquel gol en el que ni había participado en la jugada Cruyff era posible porque la defensa miraba al holandés y no miraba al resto de compañeros. Y buena parte de ellos, salían convencidos de ver lo que no habían visto. Y eso, que entonces no estaban Patsy ni TV3.
!Ay, Dios, si aquella tarde que se ganó la Liga en El Molinón, al vencer al Sporting (2-4) en vez del rubio Marcial es Cruyff el que hace las jugadas y marca los tres goles que marcó Marcial! Hoy, Oriol Bohigas, Ricard Bofill o Alfons Milá, ya le habríann hecho un parque público con el correspondiente monumento. Pero como fue Marcial...
Y hasta los telediarios de Miguel Ors, que era del Atlético de Madrid, quizás para fastidiar más a los madridistas, abrieron con Cruyff. Las jugadas y los goles de Marcial, eran secundarios.
En sus cinco años como jugador del Barça, cuatro años y medio vividos al sol, su asesor y buen amigo Jaume Roures (entonces sin un duro y hoy multimillonario) podía haber producido ya la película "Los domingos, al sol", sin tener que esperar tantos años a hacer "Los lunes al sol" . Cruyff, pagando el Barça, era el perfecto intérprete al que no tenía que añadir ficción.
Yo, aquellos años de Cruyff jugador, los vivía intensamente. Y le veía hacer una jugada cada media hora en casa (tres en un partido) y sacar mejor que nadie los fuera de banda en campo contrario. Y cero jugadas. Pero al día siguiente, algunos de mis amigos, seguían titulando "Cruyff, magistral". Y los socios que no viajaban, a tragar.
El problema-fenómeno Cruyff es que el Barça llevaba catorce años sin ganar una Liga. Y no sólo por culpa de Plaza y Franco. Es que su juego aburría a las ovejas. El único que pudo dinamizar aquel equipo y dió algunas tardes de gloria, se murió en lo mejor de la vida, Julio César Benítez.
En esos cinco años de locura-cruyffista, él, que era más listo que todos juntos fuera del campo, convenció a Michels para que trajera a su amigo Neeskens. Lo pagó Sotil -y el Barça, claro-. Pero como el peruano era incapaz de gritar y había pasado hambre en su niñez, aceptó todo lo que le propusieron, entre otras cosas, arruinar su vida deportiva. Un año al paro era mucho para un joven azteca, con dinero en el bolsillo, y la nocturnidad barcelonesa en pleno apogeo de camareras para todos los servicios. Sotil cayó en la trampa, y el Barça se quedó sin uno de sus hombres más letales en el área. Y el único que era capaz de partirse la cara con aquellos defensas de entonces que sólo mirarlos, asustaban. Por eso duró tan poco Cruyff. No porque le pegaran, sino porque estaba acojonado.
No satisfecho con cargarse el equipo, después se cargó a uno de los mejores entrenadores que ha tenido el club: Weisweiler. Exigía mucho en los entrenamientos y en los partidos. Y al que quería exigir más era a la estrella, a quien más dinero se llevaba. Weisweiler ya le había dicho a la directiva que cualquier día lo dejaba en la suplencia. Que en los partidos de casa aún medio engañaba a la gente, pero en campo contrario jugaban siempre con diez. Ni corto ni perezoso, el técnico, agotada ya la paciencia, decidió en un partido en el Camp Nou ante el Sevilla sustituirle por uno de la cantera, Fortes. !La que se armó!. Montal no sabía donde esconderse ante las amenazas de Cruyff. "Es la última vez que este tío me cambia. Si quiere guerra, la tendrá". Y por si fuera poco lo que había vomitado se despachó con unas contundentes declaraciones: "Él o yo". Naturalmente, él se quedó y Weisweiler se tuvo que marchar.
El balance del-Cruyff-jugador-del Barça fue aterrador. Una sola Liga en cuatro años. Y una sola participación en la Copa de Europa. En esos cinco años, en la Liga marcó 47 goles, a menos de diez goles por campaña. Y de esos goles, sólo catorce en campo contrario (a casi tres por año). Eran goles multimillonarios.
(Es sintomático. Los viejos culés recuerdan varios goles de Samitier, de César, de Basora, de Kubala, de Evaristo, de Eulogio Martínez, de Luis Suárez, de Kocsis, de Schuster, de Maradona, de Rexach, de Laudrup, de Romario, de Ronaldo. Hasta de Martí Filosía. De toda la gama de acciones. De Cruyff, sólo se recuerda el que le metió a Reina, que lo han dado tres millones de veces porque no hay otro espectacular de él en ninguna videoteca.)
Cruyff, como jugador, fue una ruina. En todos los sentidos. El club quedó endeudado hasta las cejas. Y, encima, en su último año, traicionó a toda la directiva que apoyaba la candidatura de Ferrán Ariño ante Josep Lluís Núñez. Ni corto ni perezoso, en vísperas de las elecciones, Cruyff (y Rexach) se soltaron con unas declaraciones televisivas apoyando la candidatura de Núñez. Bueno, Cruyff fue más sibarita. Dijo que ya sabía a quién no iba a votar (por Ariño). Y se quedó tan ancho. Eliminado de los comicios Víctor Sagi, que era el gran favorito, los convergentes entre Ariño y Núñez no tenían duda. Querían el triunfo de Ariño. Pero Cruyff le puso la cruz, mientras se especulaba con qué le podía haber dado Núñez para cambiar la voluntad del profeta.
Ese Cruyff jugador, después de su último servicio, no al Barça, sino a Núñez, se fue por la puerta de servicio. Dejó la tesorería del club como un solar, con una deuda que el nuevo presidente calificó de "monstruosa" (por lo que cobraban los holandeses) y con los inspectores fiscales llamando sí y día también al club para ver quién pagaba lo que no había pagado el jugador.
Al cabo de los años, los mismos convergentes que siempre habían visto -y ven- por los ojos de Cruyff, quisieron "recuperar el Barça" y se inventaron una candidatura encabezada por Sixte Cambra para derribar a Núñez. La clave del éxito era fichar a Cruyff como reclamo de la candidatura. Era una estrategia bien estudiada. Pero Núñez, que como todos los del ladrillo, son más listos que nadie, se anticipó y fichó al entrenador Cruyff. No creía en él. Pero sabía que con él nuevamente ganaba las elecciones y además dejaba a los convergentes "sin entrenador electoral".
Núñez pagó a Hacienda lo que debía Cruyff y el profeta de nuevo se abrazaba al constructor y dejaba con el culo al aire a los convergentes que le habrían dado lo que pidiera y más. Si era necesario, hasta la mujer.
Este es el Johan Cruyff que viene dando lecciones de moral. Antes en "La Vanguardia" y ahora en "El Periódico". El mismo ser que no ha digerido nunca los éxitos de Ronaldinho, fichado en contra de su voluntad. Y el brasileño, en horas bajas, desde el gimnasio, o desde Bikini, ha hecho más, infinitamente más que el holandes en menos años. Pero desde el primer día lo sentenció. Como ahora comienza a señalar y amenazar a Leo Messi porque tampoco es santo de su devoción. Ya ha lanzado una amenaza por su viaje a Qatar diciendo que es inaceptable y que hay que multarlo.
Y es que a Cruyff nunca le han caído bien las estrellas, y menos si son brasileñas o argentinas. El profeta no quiere más estrellas en el firmamento que la suya. Y como sabe que treinta y cinco años después, (casi) todos siguen diciendo amén a cuanto dice o cuanto escribe (o firma), nada cambia. Él sigue en el cielo, y el resto donde podemos.
Y se queda tan ancho. Que todo se lo publican. Y le dan mil veces la razón.
lunes, 21 de enero de 2008
Gente que he conocido: Garrincha.
Se acaban de cumplir veinticinco años de la muerte de Garrincha. Un genio del balón. No tuve la suerte de verle jugar en directo, pero tuve el privilegio de conocerle. No una vez, sino dos. Creo, además, que fuí uno de los últimos periodistas extranjeros en estar y hablar con él. No quiero decir que fuí el último en entrevistarlo, pero seguro que de los últimos. Ya era un juguete roto. Hundido en la misera y alcoholizado.
Siempre había sentido curiosidad por conocer al hombre -el extremo derecha- que había revolucionado el fútbol con su imaginación en el regate. No había nadie que regateara como él. El letal ante el gol era Pelé, pero la fantasía y el espectáculo eran patrimonio de Garrincha.
Para la generación futbolera que nacimos con los goles de Kubala y Di Stéfano, y las galopadas de Gento y Basora, la magia del fútbol brasileño ya nos había absorvido. El triunfo de Brasil en el Mundial de Suecia (1958), con una delantera tan imaginativa como demoledora (Garrincha, Didi, Vavá, Pelé y Zagalo), nos había cautivado a todos a través de la radio y lo que leíamos en los diarios deportivos de entonces, El Mundo Deportivo y Marca.
En ell Mundial de Chile (1962), con Pelé lesionado a las primeras de cambio, pero con un Garrincha majestuoso sirviendo en bandeja los goles a Amarildo, ya tuvimos ocasión de verlo en la televisión en blanco y negro recién estrenada. Tengo aún retenida en la memoria unas imágenes en que Garrincha desborda al gran Sigfrid Grácia, impotente ante las genialidades del brasileño. Han pasado cuarenta y seis años y todavía "las veo".
El fútbol brasileño era la moda, y por eso los clubs españoles se lanzaron a contratar brasileños para que jugaran en España y armaran los mayores tacos que hemos vistos en los campos nacionales. Tacos de fantasía y tacos de tangana. Una verbena de Sant Joan, Barça y Botafogo protagonizaron una de las mas famosas que se recuerdan, con Kubala exhibiendo sus puños de oro y acabando casi todos en la comisaría de Vía Laietana.
Yo siempre tuve la ilusión de entrevistar a Pelé y a Garrincha, aunque los que les conocían y viajaban a Brasil siempre me recomendaban como personaje a Garrincha. Uno de los primeros que me habló para hacer un documental de él fue Antonio Amorós, un ex portero del Barça, operador de cine y que en los años setenta viajaba con frecuencia a Brasil.
- Si quieres hacer un gran documental, ve en busca de Garrincha, no de Pelé. -me repetía una y otra vez Antonio, que de eso sabía, de fútbol y de cine, al igual que su hermano Juan Amorós, uno de los mejores directores de fotografía del cine español.
En 1978, estando yo en Buenos Aires, meses antes del Mundial de Argentina, estuve cenando con Casildo Osés, el hombre que tenía la exclusiva de todas las giras del Santos de Pelé, y al que había conocido en Barcelona como Director Técnico de aquel Espanyol que soñó Vilá Reyes. Hicimos una muy buena amistad, pese a la gran diferencia de años. (Casildo Osés después lo fichó el Barça como gerente, pero una campaña desestabilizadora promovida por Joan Gich desde dentro y Casaus desde fuera, abortaron su incorporación, pero no su colaboración con el Barça pues disponía de los derechos de los más importantes clubs del mundo).
Cenando, pues, con don Casildo en Buenos Aires me arregló para poder grabar a Pelé, pero no me aseguró lo de Garrincha. "El día tal, a tal hora, Pelé estará a tu disposición". Y asi fue. Pelé estuvo en Río de Janeiro el día y la hora pactada.
- Garrincha es otra historia. Voy a hablar personalmente con Joao Havelange para ver que camino hay para que te puedas entrevistas con él. Pero no te aseguro nada. Más bien da por fracasada la gestión.
Me fuí de Buenos Aires a Río de Janeiro para hacer a Pelé e intentar el milagro de Garrincha. Yo llevaba un mes por aquellas tierras con el objetivo de hacer unos documentales sobre Argentina y Brasil. (Del argentino ya les hablaré otro día). Sólo llegar a Copacabana, en recepción del Hotel Meridien ya tenía un aviso de Osés. "He hablado personalmente con Havelange pero me dice que es como un imposible tratar de grabar a Garrincha. Te lo dije".
La grabación con Pelé se hizo sin ningún problema, en un gran despacho. Comprobé que hablar de Garrincha no era lo que más le gustaba. Más bien le incomodaba. Y no insistí.
Los reporteros gráficos de TV Globo, que me daban asistencia técnica para todo lo que tenía que grabar en Brasil, me abrieron el camino de la esperanza. "Acude siempre al bar de un campo de fútbol que hay en las afueras de Río. Allí es posible "engancharlo". Pero tendrás que pagar la "fiesta".
-¿Y qué es la "fiesta"? -pregunté.
- Garrincha no pide nada. Es muy timido. Pero los amigos con los que está se beben todo y más. Y si tu les invitas, barra libre, Garrincha hablará. No mucho, pero hablará.
Fuimos a ese lugar, en pleno barraquismo, y allí estaba Garrincha con los amigos en la barra del bar. Tenían los vasos vacíos. Yo dije que pagaba una ronda, pero sólo una, y me llevé a Garrincha unos metros adelante para preparar la entrevista. Le dije: "Mira, yo puedo pagarte una colaboración de 50.000 pesetas que es a lo que estoy autorizado. Me firmas este recibo y yo te las pago al contado. Pero de pagar rondas, nada. Ni puedo, ni quiero".
Hicimos la entrevista. Garrincha era tímido, muy tímido. La única condición que me puso fue hablar sólo de fútbol. De su vida particular, nada, y de sus mujeres y doce o trece hijos, nada. Y de la cantante de bossa nova Elza Soares, su gran amor, nada de nada. Ni mencionarla.
Para muchos, Elza Soares había sido la causante del deterioro del jugador. Decían que dada la popularidad de él, ella se había unido a él para lograr mayores ambiciones artísticas. Cuento lo que me contaron.
Lo que sí sé es que Garrincha procedía de una familia muy humilde (como la mayoría de futbolistas brasileños) y que tenía muchos problemas físicos derivados de su mala nutrición. Tenía, además, una pierna un poco más corta que otra, lo que fue motivo que sus principios fueran terribles. Ningún club importante lo quiso fichar, pese a que maravillaba a todos viéndolo jugar. Fluminense, Vasco da Gama, Sao Cristovao lo rechazaron. Unos por esa deficiencia física y otros alegando que tenía problemas en la columna vertebral. Sólo Botafogo dió el paso. Y el acierto. Sus driblings ya eran los más populares del país. Aún así y todo, el seleccionador Feola recibió duras críticas por llevarse al Mundial de Suecia a Garrincha y a Pele. También en Brasil había vacas sagradas. Pero la presencia de Garrincha y de Pelé, fue el resurgir del fútbol brasileño después del golpe que había sinificado ocho años antes el "maracanazo".
Los goles y la juventud de Pelé, eclipsaron un poco la figura de Garrincha. Pero en el transcurrir de los años, la popularidad del extremo iba en aumento. Su unión con Elza Soares. fue un boom en toda América. Aunque también sería con el tiempo su ruina.
Con el paso de los años, mientras la figura de Pelé se engrandecía universalmente (ha sido uno de los hombres más mediáticos dentro y fuera del Brasil, llegó a incluso a ser ministro y bandera de las más influyentes multinacionales), Garrincha se hundía en el fango, alejado de pasionales amores, con una vida solitaria y alcoholizado, y haciendo cada vez más grande su mito. Para el pueblo/pueblo, Garrincha era el Dios, y Pelé el Señor.
Tres años después de aquella primera entrevista con él, hubo una segunda, en vísperas del Mundial 82 que se celebraba en España. Era un Garrincha todavía más derrotado por la vida. Pero se acordaba de mí y me preguntó por algunos brasileños que estaban en España. En este segundo encuentro con Garrincha también me ayudaron desde TVGlobo.
A mediados de 1982, intenté gestionar un imposible: que Garrincha viajara en octubre a Barcelona para estar en un primer programa de televisión. El Barça había fichado a Maradona y yo tenía la ilusión de juntar a dos futbolistas geniales surgidos de la nada. Las gestiones no prosperaron, a pesar de todos los intentos. No era una cuestión de dinero. Era, simplemente, que Garrincha a sus 46 años de edad, ya era un ser impotente. Y eso que la idea de reunirse con Maradona y visitar Barcelona le seducían. Pero era/fue imposible.
A Garrincha, el más genial de los extremos que ha dado el fútbol, ya sólo le quedaban fuerzas para estar tumbado en la cama hospitalitaria. No tenía ya fuerzas para seguir regateando a la vida. Su descanso, era cerrar los ojos.
En octubre de 1982, nació aquel programa con Maradona y Angela Molina en los estudios, pero casi nadie sabía que mi gran ilusión era juntar a los dos mayores genios que creo ha dado el fútbol.
Siempre había sentido curiosidad por conocer al hombre -el extremo derecha- que había revolucionado el fútbol con su imaginación en el regate. No había nadie que regateara como él. El letal ante el gol era Pelé, pero la fantasía y el espectáculo eran patrimonio de Garrincha.
Para la generación futbolera que nacimos con los goles de Kubala y Di Stéfano, y las galopadas de Gento y Basora, la magia del fútbol brasileño ya nos había absorvido. El triunfo de Brasil en el Mundial de Suecia (1958), con una delantera tan imaginativa como demoledora (Garrincha, Didi, Vavá, Pelé y Zagalo), nos había cautivado a todos a través de la radio y lo que leíamos en los diarios deportivos de entonces, El Mundo Deportivo y Marca.
En ell Mundial de Chile (1962), con Pelé lesionado a las primeras de cambio, pero con un Garrincha majestuoso sirviendo en bandeja los goles a Amarildo, ya tuvimos ocasión de verlo en la televisión en blanco y negro recién estrenada. Tengo aún retenida en la memoria unas imágenes en que Garrincha desborda al gran Sigfrid Grácia, impotente ante las genialidades del brasileño. Han pasado cuarenta y seis años y todavía "las veo".
El fútbol brasileño era la moda, y por eso los clubs españoles se lanzaron a contratar brasileños para que jugaran en España y armaran los mayores tacos que hemos vistos en los campos nacionales. Tacos de fantasía y tacos de tangana. Una verbena de Sant Joan, Barça y Botafogo protagonizaron una de las mas famosas que se recuerdan, con Kubala exhibiendo sus puños de oro y acabando casi todos en la comisaría de Vía Laietana.
Yo siempre tuve la ilusión de entrevistar a Pelé y a Garrincha, aunque los que les conocían y viajaban a Brasil siempre me recomendaban como personaje a Garrincha. Uno de los primeros que me habló para hacer un documental de él fue Antonio Amorós, un ex portero del Barça, operador de cine y que en los años setenta viajaba con frecuencia a Brasil.
- Si quieres hacer un gran documental, ve en busca de Garrincha, no de Pelé. -me repetía una y otra vez Antonio, que de eso sabía, de fútbol y de cine, al igual que su hermano Juan Amorós, uno de los mejores directores de fotografía del cine español.
En 1978, estando yo en Buenos Aires, meses antes del Mundial de Argentina, estuve cenando con Casildo Osés, el hombre que tenía la exclusiva de todas las giras del Santos de Pelé, y al que había conocido en Barcelona como Director Técnico de aquel Espanyol que soñó Vilá Reyes. Hicimos una muy buena amistad, pese a la gran diferencia de años. (Casildo Osés después lo fichó el Barça como gerente, pero una campaña desestabilizadora promovida por Joan Gich desde dentro y Casaus desde fuera, abortaron su incorporación, pero no su colaboración con el Barça pues disponía de los derechos de los más importantes clubs del mundo).
Cenando, pues, con don Casildo en Buenos Aires me arregló para poder grabar a Pelé, pero no me aseguró lo de Garrincha. "El día tal, a tal hora, Pelé estará a tu disposición". Y asi fue. Pelé estuvo en Río de Janeiro el día y la hora pactada.
- Garrincha es otra historia. Voy a hablar personalmente con Joao Havelange para ver que camino hay para que te puedas entrevistas con él. Pero no te aseguro nada. Más bien da por fracasada la gestión.
Me fuí de Buenos Aires a Río de Janeiro para hacer a Pelé e intentar el milagro de Garrincha. Yo llevaba un mes por aquellas tierras con el objetivo de hacer unos documentales sobre Argentina y Brasil. (Del argentino ya les hablaré otro día). Sólo llegar a Copacabana, en recepción del Hotel Meridien ya tenía un aviso de Osés. "He hablado personalmente con Havelange pero me dice que es como un imposible tratar de grabar a Garrincha. Te lo dije".
La grabación con Pelé se hizo sin ningún problema, en un gran despacho. Comprobé que hablar de Garrincha no era lo que más le gustaba. Más bien le incomodaba. Y no insistí.
Los reporteros gráficos de TV Globo, que me daban asistencia técnica para todo lo que tenía que grabar en Brasil, me abrieron el camino de la esperanza. "Acude siempre al bar de un campo de fútbol que hay en las afueras de Río. Allí es posible "engancharlo". Pero tendrás que pagar la "fiesta".
-¿Y qué es la "fiesta"? -pregunté.
- Garrincha no pide nada. Es muy timido. Pero los amigos con los que está se beben todo y más. Y si tu les invitas, barra libre, Garrincha hablará. No mucho, pero hablará.
Fuimos a ese lugar, en pleno barraquismo, y allí estaba Garrincha con los amigos en la barra del bar. Tenían los vasos vacíos. Yo dije que pagaba una ronda, pero sólo una, y me llevé a Garrincha unos metros adelante para preparar la entrevista. Le dije: "Mira, yo puedo pagarte una colaboración de 50.000 pesetas que es a lo que estoy autorizado. Me firmas este recibo y yo te las pago al contado. Pero de pagar rondas, nada. Ni puedo, ni quiero".
Hicimos la entrevista. Garrincha era tímido, muy tímido. La única condición que me puso fue hablar sólo de fútbol. De su vida particular, nada, y de sus mujeres y doce o trece hijos, nada. Y de la cantante de bossa nova Elza Soares, su gran amor, nada de nada. Ni mencionarla.
Para muchos, Elza Soares había sido la causante del deterioro del jugador. Decían que dada la popularidad de él, ella se había unido a él para lograr mayores ambiciones artísticas. Cuento lo que me contaron.
Lo que sí sé es que Garrincha procedía de una familia muy humilde (como la mayoría de futbolistas brasileños) y que tenía muchos problemas físicos derivados de su mala nutrición. Tenía, además, una pierna un poco más corta que otra, lo que fue motivo que sus principios fueran terribles. Ningún club importante lo quiso fichar, pese a que maravillaba a todos viéndolo jugar. Fluminense, Vasco da Gama, Sao Cristovao lo rechazaron. Unos por esa deficiencia física y otros alegando que tenía problemas en la columna vertebral. Sólo Botafogo dió el paso. Y el acierto. Sus driblings ya eran los más populares del país. Aún así y todo, el seleccionador Feola recibió duras críticas por llevarse al Mundial de Suecia a Garrincha y a Pele. También en Brasil había vacas sagradas. Pero la presencia de Garrincha y de Pelé, fue el resurgir del fútbol brasileño después del golpe que había sinificado ocho años antes el "maracanazo".
Los goles y la juventud de Pelé, eclipsaron un poco la figura de Garrincha. Pero en el transcurrir de los años, la popularidad del extremo iba en aumento. Su unión con Elza Soares. fue un boom en toda América. Aunque también sería con el tiempo su ruina.
Con el paso de los años, mientras la figura de Pelé se engrandecía universalmente (ha sido uno de los hombres más mediáticos dentro y fuera del Brasil, llegó a incluso a ser ministro y bandera de las más influyentes multinacionales), Garrincha se hundía en el fango, alejado de pasionales amores, con una vida solitaria y alcoholizado, y haciendo cada vez más grande su mito. Para el pueblo/pueblo, Garrincha era el Dios, y Pelé el Señor.
Tres años después de aquella primera entrevista con él, hubo una segunda, en vísperas del Mundial 82 que se celebraba en España. Era un Garrincha todavía más derrotado por la vida. Pero se acordaba de mí y me preguntó por algunos brasileños que estaban en España. En este segundo encuentro con Garrincha también me ayudaron desde TVGlobo.
A mediados de 1982, intenté gestionar un imposible: que Garrincha viajara en octubre a Barcelona para estar en un primer programa de televisión. El Barça había fichado a Maradona y yo tenía la ilusión de juntar a dos futbolistas geniales surgidos de la nada. Las gestiones no prosperaron, a pesar de todos los intentos. No era una cuestión de dinero. Era, simplemente, que Garrincha a sus 46 años de edad, ya era un ser impotente. Y eso que la idea de reunirse con Maradona y visitar Barcelona le seducían. Pero era/fue imposible.
A Garrincha, el más genial de los extremos que ha dado el fútbol, ya sólo le quedaban fuerzas para estar tumbado en la cama hospitalitaria. No tenía ya fuerzas para seguir regateando a la vida. Su descanso, era cerrar los ojos.
En octubre de 1982, nació aquel programa con Maradona y Angela Molina en los estudios, pero casi nadie sabía que mi gran ilusión era juntar a los dos mayores genios que creo ha dado el fútbol.
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