Cada vez falta menos para la Eurocopa y saber con qué delanteros-punta contará Luis Aragonés. Como es costumbre, al seleccionador ya le están haciendo el equipo. Los que deben ir y no ir. Nadie duda de la segura presencia del Niño Torres y de Villa. Sería un terremoto nacional que no se cumpliera la lógica.
Otra parte de la prensa comienza a reivindicar (justamente) el nombre de Raúl González. Pero tanto si va como si no va, la lluvia de críticas caerán sobre Luis Aragonés. Si no va, le tildarán de rencoroso; si va, y España cae como siempre en cuartos de final, le moleran a palos. A Luis y a Rául.
Es un disco cantado.
La prensa catalana comienza a hacer campaña en pro de Bojan. Aún no es titular en el Barça, pero ya le colocan entre los fijos para la Eurocopa. Es evidente que se trata de un excelente delantero, y de una gran promesa, quizá la más firme esperanza, pero todavía hay que verlo ante los defensas-estopa.
De Raúl Tamudo, sin embargo, nadie habla. Miento. Sólo habla Tomás Guasch. El resto de la prensa habla cuando no le queda más remedio que hablar de él. Ha tenido ya más portadas de los diarios deportivos catalanes Bojan que Tamudo. Y uno lleva diez años peleándose casi solo con las mejores -y peores- defensas, y marcando goles tan decisivos como espectaculares. Pero su lastre, su pobreza (o su grandeza) es que juega en el Espanyol.
Si Tamudo hubiera sido jugador del Barça (que lo pudo ser en su etapa infantil pero tras estar a prueba en La Masia varios meses acabó inclinándose por el Espanyol) sería uno de los grandes iconos del fútbol catalán, nacional e internacional.
En los diez últimos años, no han habido mejores delanteros-punta en el fútbol español que los dos raules. El del Bernabéu y el de Sarriá/Montjuich. Raúl González ha conocido el cielo (tres Copas de Europa), pero también el infierno (la brutal campaña que ha sufrido los dos anteriores años). Y ha conocido también la injusticia: no ser Balón de Oro. Que un delantero como Raúl González y un defensa como Paolo Maldini, no hayan sido considerados los número uno, es como para cerrar las revistas y las organizaciones que proclaman estos premios. Una vergüenza y una sinvergüencería.
Yo no sé que delanteros-punta-punta se llevará Luis Aragonés. Ahí tiene para elegir, además de los raules, a los Fernandos (Torres/Morientes), a Villa y al recién llegado Bojan. Pero si no fueran los raules me parecería una de las mayores injusticias del fútbol español en toda su historia.
España ha tenido grandes "puntas" a lo largo de las décadas. Antiguamente, los puntas eran los arietes. Los de la furia ("a mi, Sabino, que los arrollo"). Más tarde se les conocieron simplemente como delanteros centros. Nombres que poco o nada dicen a las nuevas generaciones.El bilbaino Pichichi (que murió en plena juventud), el donostiarra Bienzobas; el barakaldés Agustin Sauto "Bata" que, en una inspiradísima tarde, le marcó siete goles al Barcelona (12-1); el asturiano Isidro Lángara, tres veces pichichi antes del exilio y que siguió siendo pichichi en América. El, para los sevillistas, inolvidable Marcelino G. González "Campanal I", el ariete que dirigió la famosa delantera sevillista de los "stuka"; el mítico Telmo Zarraonaindia "Zarra", el nueve que dirigió la famosísima delantera del Athletic, ganador de seis pichichis y autor del legendario gol ante Inglaterra en el Mundial de Río de Janeiro (1950) con el que Matías Prats padre, a través de Radio Nacional, lanzó a todos los españoles a la calle.
No acaban aquí las grandes leyendas de nuestro fútbol. Hay que añadir los Mundo, Pahiño, Mariano Martín, Arza, Barinaga, Pruden, Arcas....y especialmente César Rodríguez, "El pelucas". Su calvicie fue la más famosa de España y nadie ha marcado más y mejores goles de cabeza que el leonés. Jugando con el Granada (cedido por el Barça) marcó una tarde seis goles al Castellón. Los récords de Bata (7) y César (6) todavía no han sido superados por ningún otro delantero español. Sólo los nacionalizados Kubala y Eulogio Martínez, lograron también igualar la marca de Bata. El húngaro le metió siete al Gijón en Liga, y el paraguayo siete al Atlético de Madrid en Copa.
En este recordatorio de los grandes puntas españoles se encuentran también Marcelino, ariete de "Los 5 magníficos" (la mítica delantera zaragocista) y autor del gol que derrotó a la URSS en la final de la Eurocopa (entonces Copa de Europa de Naciones). Después del gol de Zarra a Inglaterra, el de Marcelino ha sido el más celebrado, también cantado por Matías Prats ya por la televisión en blanco y negro.
Después, el más afortunado fue Peiró, que se lo llevó HH del Atlético de Madrid al Inter, y junto a Suárez, vivieron la época dorada del Inter.
Pero el mejor de todos, en los años sesenta y setenta, ha sido sin discursión José Eulogio Gárate, el delantero del Atlético de Madrid que era todo un espectáculo ver su juego (junto a Luis Aragonés, Ufarte, Adelardo, Irureta...) y su elegancia en cada jugada. Hasta los defensas más violentos -que los había en abundancia- se rendían ante su escuela y sus goles.
Aunque nunca fue un nueve, pero sí un punta, el coruñes y después madridista Amancio ha sido una de las grandes celebridades de nuestra historia. Como buen gallego, nunca se sabía por donde íba a salir, pero acababa matando a las defensas contrarias, hasta que una tarde, ya en plena gloria, un defensa paraguayo del Granada, Fernández, terminó con sus filigranas en el área y le hizo saber lo que era una grave -gravísima- lesión.
Un ariete que pudo ser, fue Miguel Angel Bustillo. Pero no lo fue. El zaragocista era el ariete más prometedor, pero en su debut oficial con el Barça en el Bernabéu, tras marcar dos goles en los ocho primeros minutos de juego, una entrada de Pedro De Felipe acabó con él de por vida. Se pasó dos años en la enfermería y ya no volvió a contar el Barça con él.
Los últimos grandes delanteros centros del fútbol nacional han sido el madridista Carlos Santillana (el mejor cabeceador) que jugó con un sólo riñón sin saberlo nadie hasta que una lesión en Sarriá se lo descubrió; y el asturiano Enrique Castro "Quini", probablemente el último gran mito de los goleadores y con Zarra el que más pichichis ha obtenido. En su etapa final, siendo jugador del Barcelona, fue secuestrado. El calvario duró un mes, tiempo que mantuvo en vilo a toda la afición española y que al Barça le significó perder una Liga que tenía practicamente en el bolsillo.
Y entre éstos últimos, Emilio Butragueño, un atípico-punta (el ariete era el mejicano Hugo Sánchez) fue quien más revolucionó las áreas y las defensas contrarias. El sumum de sus actuaciones fue en un encuentro del Mundial de México ante Dinamarca en que marcó cuatro goles y mereció los titulares de todo el mundo. Butragueño fue un artista del balón. Una vez, en un partido importante, a su entrenador Benhakker se le ocurrió sentarlo en el banquillo. Horas después el presidente Mendoza citaba al técnico para decirle: "Que sea la última vez que lo hace. Está usted jugando con el patrimonio del Real Madrid".
Tras todo este escaparate de grandes puntas -y recuerdos- y sin olvidar otros magníficos arietes (de Ansola a Pepillo, de Marianin a Quino, de Sarabia a Satrústegui), indiscutiblemente la dupla Raúl González-Raúl Tamudo ha sido -y es- la mejor. Aunque uno, el madridista, haya sido víctima de la incomprensión del seleccionador y de una gran parte de la crítica por muy en horas bajas que estuviera; y el otro, Raúl Tamudo, cuyo pecado ha sido jugar en un club como el Espanyol, injustamente seudo olvidado por la prensa mediática barcelonesa sólo pendiente de quien respira...en el Barça.
Si hay justicia, no hay otra dupla para la Eurocopa que los dos raules. El resto, a la cola.
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viernes, 14 de diciembre de 2007
lunes, 10 de diciembre de 2007
Raúl y Ronaldinho. Calderón y Laporta.
Nos acabamos de enterar: Calderón quiso cargarse a Raúl del Real Madrid. Con un año de retraso, Capello lo ha desvelado. El italiano tenía ganas de decirlo. Calderón ha tenido que tragarse las palabras del técnico. Ya lo puede desmentir el presidente, que entre la palabra del técnico y la del dirigente nos quedamos con la del entrenador.
Capello puede caer antipático a algunos por el fútbol que práctica. También discutible. Pero cuando habla es para decir verdades. Aunque duelan.
Calderón, en cambio, intenta cuidar las relaciones públicas. Dar buena imagen. Pero miente más que habla. Nunca nos ha gustado. El Madrid es él. Los demás no pintan nada. Ni sus antecesores. Ha criticado vilmente a Florentino Pérez e, incluso, ha cuestionado la figura de Santiago Bernabéu. Cuando se le ha preguntado de qué vive, ha dicho que Bernabeu vivía del club. Puede ser. Pero el patriarca no hizo nunca una vida de exhibiciones. Ni la menor ostentación. De Madrid a Santa Pola. Del fútbol a pescar.
Calderón, sin embargo, se exhibe por todas las partes. Es presumido. Muy presumido. Potente y prepotente. Y yo me apunto a los que se preguntan de qué vive. Sólo se le conocen sus banquetes, fiestas y viajes con el Madrid. De su trabajo poco. O nada. Todo el mundo sabe/sabía qué hace/hacía Florentino Pérez.
Es la diferencia.
Lo último que me faltaba conocer era ese propósito por intentar deshacerse de Raúl. Objetivo frustrado. Es cierto que Raúl ha atravesado una crisis. Si se quiere, una fuerte crisis deportiva y goleadora. Pero entra en la lógica. Desde los 17 años es titular indiscutible y referencia del madridismo. Algún día tenía que tener un bajón. Y lo ha tenido. Lo tuvo hasta Di Stéfano/Pelé/Maradona/Kubala. El más duradero fue el de Cruyff. De sus cinco años en España, sólo jugó la primera temporada. Pero cobró en oro las otras cuatro. Y ahora critica. Vive de la crítica.
Ahora, Raúl, ha resucitado. Me alegro. Se lo merece. Ha sido (es) un ejemplo de jugador, de goleador y de futbolista. Y es una institución ya en el Real Madrid y en el Fútbol Español. No podía salir por la puerta falsa como pretendía su presidente. Si la vida es justa, se irá antes del Real Madrid Calderón que Raúl. Y con una diferencia: Raúl se quedará por vida. Inmortalizado.
El caso Calderón y Raúl me recuerdan al de Laporta y Ronaldinho. Tampoco se sabe muy bien de qué vive Laporta. Habla de su despacho de abogados. Pero ese despacho -cuando menos antes de ser presidente- tenía más telarañas que clientes. Se pasaba la vida tramando cómo y de qué manera acabar con Núñez para llegar él. Fue su obsesión y su trabajo. Y desde que alcanzó la presidencia no ha hecho otra cosa que hablar, hablar, hablar. Comer, comer, comer. Viajar, viajar, viajar. Relacionarse en pro de él más que del Barça.
Al igual que Calderón con Raúl, Laporta también tiene una obsesión: ver la salida de Ronaldinho. Por mucho que diga palabras en favor del brasileño y le elogie, nadie -o pocos- le creen. Laporta también miente más que habla. Y en el caso de Ronaldinho todavía más. Nunca ha digerido los éxitos del gaúcho, y su sueño es verle lejos del Camp Nou. Para ello, se ha rodeado ya de un "ejército de periodistas" a su favor que no dejan de machacar al brasileño. El domingo, sin ir más lejos, un importante diario barcelonés titulaba "De número uno a uno más". Mayor crueldad, imposible.
Es decir, Ronaldinho no puede tener las horas bajas que tiene cualquier humano. Le están acorralando para que tire la toalla. Laporta está moviendo bien esas fichas periodísticas. La vergüenza es que algunos periodistas no se revelen, no contra Ronnie, sino en contra del presidente que además pretende poner y quitar directores.
Barcelona y Madrid, pues, viven un paralelismo presidencial. Nadie sabe de qué viven sus presidentes. Y si uno pretendió sacarse de encima a Raúl, el otro sueña con intentar hacer lo mismo con Ronaldinho.
Quizás, también, le salga el tiro por la culata. Ojalá.
Capello puede caer antipático a algunos por el fútbol que práctica. También discutible. Pero cuando habla es para decir verdades. Aunque duelan.
Calderón, en cambio, intenta cuidar las relaciones públicas. Dar buena imagen. Pero miente más que habla. Nunca nos ha gustado. El Madrid es él. Los demás no pintan nada. Ni sus antecesores. Ha criticado vilmente a Florentino Pérez e, incluso, ha cuestionado la figura de Santiago Bernabéu. Cuando se le ha preguntado de qué vive, ha dicho que Bernabeu vivía del club. Puede ser. Pero el patriarca no hizo nunca una vida de exhibiciones. Ni la menor ostentación. De Madrid a Santa Pola. Del fútbol a pescar.
Calderón, sin embargo, se exhibe por todas las partes. Es presumido. Muy presumido. Potente y prepotente. Y yo me apunto a los que se preguntan de qué vive. Sólo se le conocen sus banquetes, fiestas y viajes con el Madrid. De su trabajo poco. O nada. Todo el mundo sabe/sabía qué hace/hacía Florentino Pérez.
Es la diferencia.
Lo último que me faltaba conocer era ese propósito por intentar deshacerse de Raúl. Objetivo frustrado. Es cierto que Raúl ha atravesado una crisis. Si se quiere, una fuerte crisis deportiva y goleadora. Pero entra en la lógica. Desde los 17 años es titular indiscutible y referencia del madridismo. Algún día tenía que tener un bajón. Y lo ha tenido. Lo tuvo hasta Di Stéfano/Pelé/Maradona/Kubala. El más duradero fue el de Cruyff. De sus cinco años en España, sólo jugó la primera temporada. Pero cobró en oro las otras cuatro. Y ahora critica. Vive de la crítica.
Ahora, Raúl, ha resucitado. Me alegro. Se lo merece. Ha sido (es) un ejemplo de jugador, de goleador y de futbolista. Y es una institución ya en el Real Madrid y en el Fútbol Español. No podía salir por la puerta falsa como pretendía su presidente. Si la vida es justa, se irá antes del Real Madrid Calderón que Raúl. Y con una diferencia: Raúl se quedará por vida. Inmortalizado.
El caso Calderón y Raúl me recuerdan al de Laporta y Ronaldinho. Tampoco se sabe muy bien de qué vive Laporta. Habla de su despacho de abogados. Pero ese despacho -cuando menos antes de ser presidente- tenía más telarañas que clientes. Se pasaba la vida tramando cómo y de qué manera acabar con Núñez para llegar él. Fue su obsesión y su trabajo. Y desde que alcanzó la presidencia no ha hecho otra cosa que hablar, hablar, hablar. Comer, comer, comer. Viajar, viajar, viajar. Relacionarse en pro de él más que del Barça.
Al igual que Calderón con Raúl, Laporta también tiene una obsesión: ver la salida de Ronaldinho. Por mucho que diga palabras en favor del brasileño y le elogie, nadie -o pocos- le creen. Laporta también miente más que habla. Y en el caso de Ronaldinho todavía más. Nunca ha digerido los éxitos del gaúcho, y su sueño es verle lejos del Camp Nou. Para ello, se ha rodeado ya de un "ejército de periodistas" a su favor que no dejan de machacar al brasileño. El domingo, sin ir más lejos, un importante diario barcelonés titulaba "De número uno a uno más". Mayor crueldad, imposible.
Es decir, Ronaldinho no puede tener las horas bajas que tiene cualquier humano. Le están acorralando para que tire la toalla. Laporta está moviendo bien esas fichas periodísticas. La vergüenza es que algunos periodistas no se revelen, no contra Ronnie, sino en contra del presidente que además pretende poner y quitar directores.
Barcelona y Madrid, pues, viven un paralelismo presidencial. Nadie sabe de qué viven sus presidentes. Y si uno pretendió sacarse de encima a Raúl, el otro sueña con intentar hacer lo mismo con Ronaldinho.
Quizás, también, le salga el tiro por la culata. Ojalá.
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